10 años después: la herencia de ISIS en Irak
A principios de julio, se cumplió una década desde la primera aparición pública de al-Baghdadi en la gran mezquita de Mosul. En esa ocasión se autodenominó el Califa Ibrahim y proclamó que, bajo su Califato, el mundo islámico recuperaría sus derechos y dignidad, exigiendo la lealtad de los creyentes musulmanes en todo el mundo. A partir de ese día, el grupo yihadista difundió a través de los medios sus actos de extrema crueldad y llegó a controlar una porción significativa del territorio iraquí, marcando un punto de inflexión en la trágica historia del país.
En respuesta a la condena global, a principios de agosto de 2014, Barack Obama expresó su intención de intervenir militarmente, esta vez liderando una coalición internacional. La estrategia inicial incluyó ataques limitados a través de bombardeos selectivos, a la vez que se planificó el envío de misiones de asistencia humanitaria a las comunidades que se encontraban sitiadas.
El enfrentamiento clave que signó la derrota a nivel territorial del grupo Estado Islámico fue la batalla por Mosul. A partir de ese momento, el autodenominado Estado Islámico dejó de existir como una entidad territorial operativa. Si bien el grupo terrorista perdió su capacidad estratégica en términos militares, no fue completamente erradicado. Aunque el Estado Islámico ya no controla vastos territorios ni se encuentra en una posición de poder similar a la de años atrás, sigue siendo una preocupación en términos de seguridad y requiere una vigilancia constante por parte de las autoridades locales e internacionales para prevenir cualquier resurgimiento significativo.