El 2017 transcurrió como un período convulso para Arabia Saudita y sus vecinos del Golfo, no sólo por los cambios domésticos, sino por los realineamientos de las alianzas regionales.
Este año coronó el ascenso meteórico del príncipe saudí Mohammed bin Salman, hijo del actual monarca Salmán bin Abdulaziz. Siendo Ministro de Defensa y el encargado de llevar adelante la Visión 2030, el 21 de junio de este año pasó a ser el príncipe heredero al trono luego de que su primo fuera destituido. A partir de ese momento se profundizó uno de sus proyectos políticos más importantes que es el de contrarrestar la influencia de Irán en la región y ocupar la vacante de Egipto en el liderazgo del Mundo Árabe. Además, bajo la carátula de la lucha contra la corrupción comenzó un proceso de depuraciones. En noviembre se detuvo a 11 príncipes y decenas de ministros, además de la destitución de poderosos líderes militares, en una purga sin precedentes.
Por otro lado, en el Consejo de Cooperación del Golfo comenzó la mayor crisis de su historia, aún no resuelta. El 5 de junio Bahréin, Arabia Saudita y EAU –entre otros países de la región- rompieron relaciones con Qatar, alegando que ponía en peligro su seguridad nacional. Lo acusaron de brindar apoyo financiero e ideológico a grupos terroristas islámicos (como la Hermandad Musulmana), y de proveer refugio a funcionarios talibanes y de Hamas. La preocupación por la cercanía con Irán fue
uno de los principales motivos detrás del bloqueo y sanciones. Las demandas exigidas para normalizar los vínculos fueron rechazadas por Qatar, quien afirmó que los reclamos carecen de evidencia.
Los acontecimientos en Yemen configuran un tercer escenario fundamental para la Península en este año. Este país atraviesa un complejo conflicto sociopolítico de carácter intermitente, cuyos orígenes se remontan al nacimiento mismo del actual Estado, y que hoy toma la forma de una guerra civil “híbrida” (en curso desde principios de 2015), donde a la acción –directa o indirecta- de diversos actores (estatales y no estatales) se suma las disputas intertribales de base que sostienen el conflicto. El impacto resultante es abrumador: cientos de miles de muertos, millones de desplazados y migrantes, un sistema sanitario quebrado, una economía destruida, una sociedad disgregada, etc. Actualmente, tras el asesinato de uno de los actores principales del conflicto, el expresidente Saleh, el cuadro de alianzas entre las fuerzas en disputa se encuentra en pleno flujo, mientras que las potencias regionales (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irán, entre otros), que las patrocinan y financian, han decidido potenciar el conflicto.
AGUSTÍN DIP, MARÍA LAURA GARCÍA ROKO E IGNACIO PUNTIN
Observatorio Región MENA