Las consecuencias del COVID-19 se sienten en todas las esferas de Israel. Por un lado, manifestaciones a lo largo y ancho del país en busca de respuestas por la crisis. Por otro, la crisis interna en el gabinete que podrían llevar a una caída del gobierno.
El domingo por la noche se dio otra jornada de manifestaciones contra Netanyahu. Las mismas congregaron a 15 mil personas en la Plaza Paris de Jerusalén, otras en su casa privada en Cesarea, y otras en Tel Aviv. De esta manera, se cumplen siete semanas de protestas contra el primer ministro por la falta de respuestas ante el avance de la pandemia, que ya registra más de 80 mil infectados y 581 muertos.
No tan lejos de lo que sucede en las calles, el recientemente formado gobierno sufre una crisis que podría llevar a su caída. La disputa por el presupuesto enfrenta a los dos partidos mayoritarios del gobierno, Likud y Kahol VeLaban (Azul y Blanco). En un hecho pocas veces visto, el día lunes 10 de agosto se suspendió la reunión de ministros debido a las diferencias existentes entre las partes.
En la misma se pretendía abordar el plan de ayuda económica en relación al Coronavirus. El mismo prevé un fondo especial para los afectados por la pandemia. Pero el líder de Azul y Blanco, Benny Gantz, estableció que no se han dado los detalles sobre cómo ese fondo extra sería utilizado. 4
No obstante, el principal foco de discusión es sobre la extensión que va a tener el presupuesto. La fecha límite para la aprobación del mismo es el 24 de agosto, 100 días después de la conformación del gobierno. Netanyahu quiere que sea por un año debido a la coyuntura internacional del COVID-19. No obstante, el acuerdo de coalición establecía que el mismo debía durar 2 años y eso impediría que Netanyahu utilizara el nuevo presupuesto como forma de impedir la rotación del Primer Ministro en junio de 2021. Recordemos que, si el presupuesto no es aprobado, el gobierno cae y se deben llamar a elecciones nuevamente.