El martes 4 de septiembre, Al-Sisi visitó Turquía por primera vez en doce años, una acción que se enmarca en la distensión del vínculo entre ambas naciones, iniciada a finales de 2020 e inicios de 2021. El vínculo bilateral se encontraba “congelado” desde que Al-Sisi asumió el poder en el año 2013 tras derrocar a Mohamed Morsi, entonces presidente de Egipto y miembro de la Hermandad Musulmana, quien era aliado del gobierno turco.
En febrero de este año, Erdogan visitó El Cairo, poniendo fin oficialmente a las hostilidades diplomáticas y políticas que habían afectado las relaciones entre Egipto y Turquía.
Ahora, en una conferencia de prensa conjunta, Al-Sisi y Erdogan reafirmaron sus intenciones de mejorar las relaciones bilaterales en todas las áreas. Con motivo de la visita presidencial, se firmaron 18 memorándums de entendimiento en áreas como energía, defensa, turismo, transporte y agricultura, entre otras. El representante turco sostuvo que abordarán sus vínculos bajo un enfoque win-win.
Sin embargo, algunos de los puntos que podrían dificultar la impronta cooperativa de la relación son las tensiones en el este del Mediterráneo, donde Turquía busca firmar un acuerdo de delimitación marítima para evitar que su conflicto con Grecia se convierta en un conflicto regional. Esta preocupación surge debido al acuerdo vigente entre Egipto, Grecia, Chipre e Israel en el marco del Foro del Gas del Mediterráneo Oriental. Además, existe disonancia en posicionamientos y alianzas que ambos países mantienen en el escenario libio.
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