A mediados de septiembre tuvo lugar la primera visita oficial del presidente Al-Sisi a Qatar desde el entendimiento alcanzado entre ambas naciones en la cumbre de al-Ula de enero del 2021. Las tensiones entre ambos países iniciaron con la llegada de Al-Sisi al poder en el año 2013 y la persecución política a todos los adherentes de la Hermandad Musulmana, organización defendida por las autoridades qataríes, quienes otorgaron asilo a varios de sus dirigentes. Desde el 2017 hasta al-Ula, Egipto formó parte de la coalición liderada por Arabia Saudita que impuso un bloqueo sobre Doha.
Con ocasión de esta visita, se firmaron tres memorandos de entendimiento: uno entre los dos fondos soberanos; otro que busca atraer inversiones destinadas al sector turístico egipcio; y el último destinado a desarrollar y mejorar la terminal de contenedores del Puerto Said, en Egipto.
Las razones tras esta reconciliación son varias. Hay quienes sostienen que la amenaza revolucionaria que encarnaban los hermanos musulmanes entre 2013-2017 ya no es la misma y que, en tanto el bloqueo no logró satisfacer ninguno de los objetivos egipcios, no había razones que motivaran la continuación del mismo. A su vez, desde El Cairo se creía que la administración Biden sería menos permisiva en determinados aspectos de las políticas del gobierno, por lo que avanzar en un entendimiento con Doha era una buena alternativa para mejorar su imagen.
Por otro lado, la economía egipcia, profundamente dependiente del turismo y de las inversiones extranjeras, se vio indudablemente afectada por la pandemia del COVID-19. Situación agudizada
por el conflicto ruso-ucraniano y los consecuentes efectos que tuvo sobre los precios del trigo y la energía. En este contexto, Qatar fue una de las monarquías del Golfo que otorgó préstamos significativos a Egipto.