Representantes del Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN) acordaron en la semana pasada en Ginebra abrir las rutas aéreas y terrestres. Si bien días previos se concretó un importante avance al reanudarse los vuelos entre Trípoli y Bengasi, este nuevo acuerdo representa un punto de inflexión para el Estado magrebí. La interrupción de las conexiones aéreas se había iniciado cuando Haftar -líder del ELN- intentó conquistar Trípoli en abril de 2019.
El representante especial de la ONU en Libia confirmó estos hechos el pasado miércoles, cuando anunció la resolución tomada por la denominada Comisión Militar Conjunta 5+5, compuesta por cinco miembros de cada facción. Ésta nació en el marco de la Conferencia de Berlín que tuvo lugar en enero del corriente año, en la cual se reunieron los jefes de Estado con mayor influencia sobre Libia para iniciar las conversaciones de paz. En este contexto, se propuso estructurar las negociaciones en tres campos: el económico, el político y el de seguridad -este último sería liderado por la Comisión Militar Conjunta 5+5 -.
La ONU aspira a formar un verdadero gobierno de unidad nacional que esté integrado por las dos partes. Para que esta alternativa se convierta en una posibilidad de paz viable, se requerirán enormes y reales esfuerzos tanto por parte de las facciones internas, como de los actores
externos. La sociedad y el Estado libio atraviesan por un período de extrema inestabilidad, por lo que una mínima señal de desconfianza podría volar por los aires los tan anhelados acuerdos de paz.