En septiembre de 2025, Pakistán y Arabia Saudita profundizaron su alianza estratégica mediante un pacto de defensa mutua. Más allá de las especulaciones sobre su dimensión nuclear, el eje del acuerdo se observa en su implementación concreta, con el despliegue de capacidades militares paquistaníes en territorio saudí frente a la escalada de ataques contra infraestructura energética del Reino.
El pasado sábado 11 de abril, una flota de aviones de combate F-16 y aeronaves de apoyo logístico aterrizó en la Base Aérea Rey Abdulaziz, en la provincia oriental de Arabia Saudita. Este movimiento responde a una serie de ataques con drones y misiles atribuidos a Irán. Aunque el acuerdo formal es reciente, la cooperación militar entre ambos países no es nueva, ya que desde 2018 Pakistán mantiene asesores y programas de entrenamiento en el Reino, lo que ha fortalecido la coordinación operativa.
La relación entre Arabia Saudita y Pakistán también se sostiene en un vínculo financiero clave. Islamabad enfrenta una urgencia financiera que amenaza su estabilidad interna, y tan solo este mes deberá devolver 3.500 millones de dólares a los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Sin una inyección externa, este pago vaciaría las arcas estatales, dejando al país vulnerable a una crisis de suministros básicos. En este contexto, Riad le ha extendido un préstamo de 3.000 millones de dólares, respondiendo no sólo como un prestamista, sino como un socio estratégico cuya propia seguridad depende de la solidez del vínculo con su aliado.
En este escenario, Pakistán combina su respaldo militar a Arabia Saudita con una estrategia diplomática que busca preservar canales de diálogo en la región. Su disposición a facilitar contactos entre actores enfrentados introduce un elemento de moderación que le permite sostener su alianza sin quedar completamente alineado en el conflicto.
VALENTINA GUTIÉRREZ