Marruecos está atravesando dos problemas fundamentales en lo que respecta a la producción tanto del trigo harinero como del trigo duro, en lo que representa un sector clave considerando que estas plantaciones representan el 71% del total de la superficie útil agrícola, generando alrededor del 20% de la facturación de dicho sector y empleando aproximadamente al 19% de los trabajadores de este rubro, según datos del Ministerio de Agricultura, de la Pesca Marítima, de Desarrollo Rural y de Aguas y Bosques de Marruecos.
El primer problema, y el más difícil de contrarrestar, es el de la sequía que está golpeando a todo el Magreb, en especial al Reino de Marruecos. Para ello, dicho país ha llevado adelante una estrategia integral para combatir esta problemática, asentándose principalmente en 4 programas; Programa Nacional de Ahorro de Agua de Riego; Programa de Extensión del Riego; Programa de rehabilitación y salvaguardia de Pequeños y Medianos Perímetros Hidráulicos y el Programa de Promoción de Asociaciones Público-Privada.
Este último programa es el que se relaciona con el otro problema que tiene Marruecos en su producción cerealera y es justamente la necesidad de tomar acciones gubernamentales para asegurar una producción sostenible de trigo y satisfacer las demandas alimentarias de su población, ya sea mediante inversiones claves en infraestructuras, mejoras en la calidad de las semillas, eficiencia tecnológica, apoyo financiero a los agricultores, el fomento a las inversiones privadas en dicho sector, etc. 4