A fines de febrero de 2026, Estados Unidos (EEUU) e Israel iniciaron una ofensiva conjunta contra Irán que reconfiguró la dinámica del conflicto y elevó el umbral de confrontación en Medio Oriente. En ese marco, pasaron de la disuasión a atacar directamente infraestructura nuclear iraní en funcionamiento, cruzando un límite que hasta ahora se había evitado. La central de Bushehr, la única operativa del país y gestionada por la corporación rusa Rosatom, fue alcanzada tres veces en diez días -18, 23 y 27 de marzo-, según el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA). También hubo impactos en Natanz, la instalación subterránea de Fordow, el complejo de agua pesada de Khondab y la planta de concentrado de uranio en Ardakan, en la provincia de Yazd, lo que evidencia un patrón de ataques coordinados sobre distintos nodos del programa nuclear. Si bien existen antecedentes de ataques a instalaciones nucleares, estos se concentraron históricamente en reactores en construcción o no operativos. En este sentido, la ofensiva sobre Bushehr introduce un precedente cualitativamente distinto al involucrar, aunque sin daño directo, una central nuclear en funcionamiento.
Por ahora, los reactores no fueron dañados y no se registraron fugas radiactivas. Pero el director de la OIEA, Rafael Grossi, advirtió que un impacto sobre los sistemas de refrigeración podría generar consecuencias irreversibles para toda la región. Rusia, que tenía personal en la planta, evacuó a 163 técnicos y acusó a los atacantes de poner en riesgo una catástrofe nuclear, en un contexto de creciente tensión entre potencias. Irán, por su parte, respondió señalando a Dimona como posible objetivo, ampliando el riesgo de una escalada directa.
Sin embargo, lo que genera mayor preocupación para la comunidad internacional es que cada ataque sin escalada inmediata amplía el margen de acción. Aunque el derecho internacional lo prohíbe, su efectividad depende de que alguien lo haga cumplir. Hoy, esa capacidad es limitada, lo que pone en duda la estabilidad estratégica en el mediano plazo.
SANTIAGO J. MASELLO