La escalada del conflicto entre Irán, Estados Unidos (EEUU) e Israel en 2026 reconfiguró la importancia estratégica del Estrecho de Ormuz. Tradicionalmente considerado un punto neurálgico para el transporte mundial de petróleo y gas, este estrecho canal también se ha consolidado como un espacio central para la conectividad digital global. Debido a la enorme cantidad de cables submarinos de fibra óptica que atraviesan la región, diversos analistas comenzaron a definirlo como un “cuello de botella digital”.
Según Reuters, múltiples sistemas de cableado submarino -como AAE-1, FALCON y Gulf Bridge International- conectan Asia, el Golfo y Europa a través de este estrecho y transportan cerca del 99% del tráfico global de internet. Esta infraestructura resulta crucial para el funcionamiento de servicios cloud, centros de datos, inteligencia artificial (IA) y comunicaciones digitales de países como Emiratos Árabes Unidos (EAU), Qatar y Arabia Saudita.
Estos países han invertido miles de millones de dólares en IA e infraestructura digital con el objetivo de diversificar sus economías y reducir su dependencia del petróleo. Asimismo, establecieron empresas nacionales de IA y centros de datos que prestan servicios en toda la región, los cuales dependen directamente de los cables submarinos para garantizar la transmisión de datos a alta velocidad.
En este contexto, medios vinculados a la Guardia Revolucionaria iraní (CGRI) comenzaron a señalar públicamente la vulnerabilidad de estos cables submarinos y su potencial utilización como herramienta de presión geopolítica. La amenaza encendió alarmas internacionales debido a que un ataque sobre esta infraestructura podría afectar no sólo la conectividad regional, sino también el comercio digital global y las operaciones financieras internacionales.
La preocupación no es meramente hipotética. Durante la crisis de 2026 se registraron interferencias GPS y alteraciones sobre sistemas de navegación marítima en el Golfo, incrementando los riesgos para buques comerciales y corredores logísticos. La escalada regional también provocó interrupciones en el suministro energético y daños sobre infraestructura crítica, incluyendo centros de datos de Amazon Web Services en Bahréin y EAU. Estos episodios se suman a antecedentes previos, como el ciberataque de 2020 contra los sistemas logísticos del puerto iraní de Bandar Abbas, que evidenció la vulnerabilidad digital de la infraestructura marítima regional en el Estrecho de Ormuz.