De cara a las elecciones que tendrán lugar en Irán el próximo 18 de junio, los siete aspirantes al poder intercambiaron sus opiniones en el primer debate presidencial llevado a cabo el pasado sábado 5 de este mes, el cual estuvo plagado de mutuas acusaciones.
Uno de los principales temas en discusión fue la difícil situación económica que atraviesa la República Islámica hoy en día, agravada por varios años de sanciones estadounidenses. Además de algunas críticas provenientes de la línea dura hacia el actual presidente, Hasán Rohaní, otras se dirigieron hacia uno de los candidatos reformistas, Abdolnaser Hemmati. El ex jefe de la Guardia Revolucionaria, Mohsen Rezaee, le atribuyó haber acatado el pleno cumplimiento de las sanciones impuestas por Washington. Alireza Zakaní, también del ala conservadora, lo acusó de querer destruir el rial, la moneda nacional. En respuesta, Hemmati responsabilizó a los sectores conservadores por las tensiones con Occidente, argumentando que esa era la principal causa del malestar económico del país.
Por su parte, el presidente del Tribunal Supremo de Irán, y candidato con más probabilidades de obtener el triunfo electoral, Ebrahim Raisi, afirmó que cuenta con planes detallados para afrontar la compleja situación económica.
Además del tensionado debate, el contexto electoral previo cuenta con la gran decepción de muchos iraníes, quienes perciben unas elecciones vacías de sentido, tras la eliminación, por parte del Consejo de Expertos, de algunos candidatos deseables.