El año está llegando a su fin, y como siempre, vale la pena llevar adelante una revisión de los hechos más importantes que se llevaron a cabo en una región siempre convulsa. Históricamente, la región del Medio Oriente y Norte de África (MENA) se encuentra en disputa, no solo entre los actores locales, sino también por aquellos que compiten en la esfera internacional. Es una región atomizada, entre distintos actores que nunca, o casi nunca, logran llegar a un acuerdo. Rivalidades políticas y religiosas, junto a una competencia económica y de influencia, siempre están a la orden del día.
La región toma importancia, entre otras cosas, por su ubicación en el globo y por ser la mayor fuente de unos de los recursos más importantes, el petróleo. Las grandes potencias del sistema internacional como los Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y China siempre han puesto atención a la región. De este modo, Medio Oriente, por su importancia geográfica, económica y estratégica, es el escenario de una feroz competencia entre las potencias.
Por su cercanía, Moscú siempre ha estado presente en Medio Oriente apoyando a su máximo aliado, el régimen de Bashar al-Assad en Siria. Cabe recordar que una de las causas por las cuales dicho régimen se mantuvo en el poder luego de la primavera árabe fue gracias al apoyo ruso.
Durante el mes de julio, en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se debatió la ampliación de la ayuda humanitaria que reciben los refugiados sirios a través de la frontera con Turquía. La propuesta realizada por Brasil y Suiza consistía en realizar una extensión del mecanismo de ayuda humanitaria y hacerla efectiva por un año más. Sin embargo, Moscú no apoyó dicha resolución y utilizó su derecho a veto para obstaculizar la propuesta.
Otra gran disputa en el MENA es la competencia, cada vez más profunda, entre la República Popular China y los Estados Unidos. En el último tiempo, el declive de Washington en la región le ha dado la posibilidad a Beijing de reforzar sus ambiciones económicas y comerciales con los distintos países de la región.
Durante este año se llevó adelante la X Cumbre entre China y los países árabes en Riad, capital del reino saudí. En dicha cumbre más de 3.500 empresarios se reunieron, dando una clara señal de intensificación de la cooperación entre ambas partes. Por otro lado, Arabia Saudita, Irán y Egipto han sido invitados a formar parte de los BRICS. Ese hito evidencia el pragmatismo de China y su intención de negociar con cualquiera, sin inmiscuirse en las rivalidades políticas y religiosas. Esta característica de la diplomacia china se explica por la importancia geográfica de Medio Oriente y su gran ambición, “One Belt One Road”.
Por su parte, Occidente decidió definir una alternativa que pueda conectar de una manera más eficiente a la región con Europa, la cual se denominó "Corredor Económico India-Medio Oriente- Europa". La propuesta se anunció durante la cumbre del G-20 de septiembre en Nueva Delhi y fue respaldada por líderes de Estados Unidos, la Unión Europea, la India, Arabia Saudita y otros países. El principal objetivo del corredor consiste en establecer una red integral de ferrocarriles, puertos y
conexiones energéticas que fortalezcan las relaciones económicas y comerciales en la región, contrarrestando la creciente influencia china en la zona.
En esta misma línea, el avance del gigante asiático se manifestó en otras arenas que trascendieron las meramente económicas. En este sentido, podemos poner de relieve dos acontecimientos puntuales en materia diplomática. Por un lado, la mediación china brindada entre la República Islámica de Irán y Arabia Saudita, países que después de 2016 reanudaron sus relaciones diplomáticas en marzo del corriente año. Por otro lado, es menester recordar la misión especial desplegada por Beijing en octubre con el objetivo de promover el diálogo entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina, por supuesto, sin dejar de mostrar su apoyo a este último. Este movimiento reflejó los esfuerzos de China por ganar influencia en la región, incluso ante conflictos históricos donde Estados Unidos solía ser el mediador obligado.
Frente al último de los conflictos mencionados, la Unión Europea también desempeñó un papel importante al instar a Israel a impulsar el proceso de paz con Palestina durante una reunión en octubre. Aunque Israel expresó su compromiso con la solución de dos Estados, la UE destacó preocupaciones sobre tensiones, violencia y expansiones de asentamientos. A pesar de ciertos avances, la reunión no condujo a compromisos sólidos por parte de Israel en la resolución del conflicto.
En paralelo, ante la creciente amenaza de Irán, Estados Unidos reforzó su presencia militar en el Estrecho de Ormuz en julio, enviando aviones de combate y un buque de guerra. Esta medida buscaba garantizar la seguridad de las rutas comerciales, especialmente críticas dado que más del 20% del crudo mundial circula por esta vía. La administración Biden expresó creciente preocupación por la actividad rusa en la región, destacando la necesidad de disuadir las acciones de Irán y evaluar la cooperación entre Rusia, Irán y Siria.
En octubre, el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, expresó preocupación por el posible involucramiento de Irán en la escalada del conflicto entre Israel y Hamas. Ante la amenaza de un nuevo frente en la frontera entre Israel y Líbano, Estados Unidos envió un portaaviones al Mediterráneo oriental como medida de disuasión. La situación llevó al anuncio del envío de un segundo portaaviones. Además, en noviembre, el Mando Central de Estados Unidos anunció la llegada de un submarino nuclear a la región Medio Oriente, sumándose a las fuerzas desplegadas en la región. Esta acción, que busca disuadir a adversarios regionales, se produce en un contexto de tensiones agravadas por el conflicto entre Israel y Hamas.
En suma, el año 2023 ha sido testigo de cambios significativos en la dinámica geopolítica de Medio Oriente, desde iniciativas económicas regionales hasta esfuerzos continuos para abordar conflictos históricos. Estos eventos redefinen las relaciones y el equilibrio de poder en la región, consolidado al MENA como un punto neurálgico donde convergen y se entrelazan intereses divergentes de potencias extrarregionales.