El pasado 11 de mayo, la cadena de televisión Al-Jazeera sufrió la pérdida de una de sus periodistas más influyentes. Se trata de Shireen Abu Akleh, palestina cristiana de 51 años, quien se encontraba informando sobre un operativo israelí en la ciudad ocupada de Jenin, Cisjordania, momento en el cual recibió un disparo en la cabeza.
Este hecho rápidamente provocó un clima de efervescencia en la opinión pública, no solo de la región, sino también de la comunidad internacional, originando una revuelta de acusaciones cruzadas. Mientras que el canal qatarí inculpó a las fuerzas israelíes de asesinar “deliberadamente” y a “sangre fría” a su reportera, el primer ministro israelí afirmó que bien podría tratarse de disparos palestinos. Esta última postura ha sido muy criticada, ya que el productor que se hallaba junto a la víctima, confirmó que no hubo resistencia armada palestina en la escena.
Al mismo tiempo, se destaca que la periodista se encontraba con el equipo de protección pertinente que la identificaba como prensa, hecho que generó aún más repudio. La ministra de Relaciones Exteriores de Qatar, calificó al acto de “terrorismo de Estado israelí”, a la vez que varias 2 organizaciones de derechos humanos catalogaron el acontecimiento como una clara violación del derecho internacional.
Por su parte, la ONU no tardó en condenar el ataque y abogar por la realización inmediata de investigaciones para la rendición de cuentas. Sin embargo, los funcionarios israelíes y palestinos continúan sin llegar a un consenso sobre el asunto.