El domingo 4 de mayo, Israel fue blanco de un ataque con misiles balísticos lanzados desde
Yemen. Uno de los proyectiles impactó en las inmediaciones de Tel Aviv, cerca del aeropuerto internacional Ben Gurion. La ofensiva fue reivindicada por los rebeldes hutíes, quienes afirmaron que actuaron en solidaridad con el pueblo palestino en Gaza. Este ataque, que se suma a una serie de agresiones previas, representa una nueva escalada en las tensiones regionales.
En respuesta, el lunes 5, Israel llevó a cabo un bombardeo aéreo sobre el puerto de Hodeida, en Yemen, considerado por las autoridades israelíes como un punto clave para el suministro de armas iraníes a los hutíes. Esta ofensiva representó la primera ronda de ataques aéreos israelíes contra objetivos en Yemen. Posteriormente, el Ejército israelí lanzó una ofensiva aérea que deshabilitó por completo el aeropuerto internacional de Saná. Este ataque se produjo poco después de que el Ejército de Israel emitiera una advertencia en redes sociales para que la población evacuara la zona del aeropuerto.
El ministro de defensa israelí sostuvo que el ataque debería considerarse como una advertencia a la “cabeza del pulpo iraní”, que, según él, es responsable directo de las ofensivas hutíes. Asimismo, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, declaró que "cualquiera que nos ataque pagará un precio muy alto".
Por su parte, los hutíes prometieron continuar con sus ataques mientras persista la ofensiva israelí en Gaza. El líder hutí, Abdel Malek al Houthi, advirtió que "lo que está por venir será de mayores dimensiones", indicando así, una posible escalada en la confrontación.
El intercambio de ataques entre Israel y los hutíes —activo desde el 7 de octubre de 2023— evidencia una expansión del conflicto más allá de las fronteras de Gaza, involucrando a nuevos actores regionales y profundizando la complejidad del escenario geopolítico en Medio Oriente.