Recientes filtraciones de documentos parecerían confirmar la firma de un histórico acuerdo de cooperación por 25 años entre la República Islámica de Irán y la República Popular China. Si bien la cooperación entre China y los países de Medio Oriente no es algo nuevo, el acuerdo presentaría algunas características que preocupan particularmente a funcionarios norteamericanos. Se trata de dos países que se han visto envueltos en dinámicas confrontativas con los Estados Unidos, sumado a la inclusión de cooperación en cuestiones de seguridad, lo que levanta especial sospecha respecto a los verdaderos alcances que pudiera tener.
El convenio contemplaría un plan a largo plazo de inversiones chinas en infraestructura para avanzar en la modernización de la industria iraní en lo que respecta a la energía, telecomunicaciones y transporte. En este último aspecto, es de gran importancia el trazado ferroviario que conectará la ciudad de Mashhad con Afganistán y Kazajistán, completando la llamada “Ruta de la Seda”.
Una segunda cuestión que estaría incluida en el acuerdo está relacionada con la cooperación financiera, en la que se espera el ingreso de US$ 400 mil millones en inversiones, de los cuales US$ 228 mil millones serían aportados por el Banco Asiático de Inversiones e Infraestructura. Por último, se prevé un mayor intercambio científico, cultural y militar, con hincapié en la lucha contra
5 el terrorismo.
Las implicancias del acuerdo irían más allá de cuestiones meramente económicas. No solo podría representar un salvataje económico para el gobierno iraní, asegurando compradores para su gas y petróleo, sino que podría significar el fracaso la estrategia de Washington de máxima presión, y habilitaría una nueva vía de acceso de China a la región, fortaleciendo su posición.