Marruecos se prepara para cerrar 2025 con una tasa de crecimiento del PIB del 4,6 %, según las últimas estimaciones del Bank Al-Maghrib. Este repunte estaría sostenido, sobre todo, por una mejora significativa en el plano interno: el agro empieza a recuperarse luego de un año muy golpeado por la sequía, y los sectores no agrícolas se ven impulsados por inversiones ligadas a grandes obras de infraestructura, muchas de ellas vinculadas a la organización de la Copa del Mundo de fútbol 2030.
Se estima que la actividad agrícola crecerá un 5 %, principalmente por una campaña cerealera más favorable: se esperan unos 44 millones de quintales, frente a los 31 millones del año anterior. Esto repercute directamente en el consumo y en las economías rurales, que habían sufrido bastante durante el ciclo pasado. Al mismo tiempo, los sectores no agrícolas también muestran señales positivas, con un crecimiento estimado del 4,5 %. Las obras en infraestructura, el turismo, cuyos ingresos podrían subir un 8,3 %, y el aumento del crédito al sector privado, del 6,2 %, marcan ese dinamismo.
Ahora bien, el frente externo no acompaña con la misma fuerza. Si bien el país sigue recibiendo inversión extranjera y se fortalecen los ingresos por servicios, las importaciones volvieron a crecer por encima de las exportaciones, y eso se refleja en una caída en la tasa de cobertura comercial, que ronda el 58,6 %.
En resumen, las proyecciones son positivas y el crecimiento parece firme (sobre todo el repunte que muestra el sector agroindustrial), pero se apoya demasiado en ciertos sectores. Esa concentración, sumada a la dependencia del clima, deja abierta la pregunta sobre cuán sostenible será este ritmo si las condiciones externas o climáticas cambian.