A dos años de las protestas masivas, la situación del Líbano se recrudece. Las demandas del 2019 aún se encuentran lejos de ser satisfechas: la crisis económica se agrava, el sectarismo se profundiza y continúa el rechazo hacia la clase dirigente.
Con ocasión del segundo aniversario de las protestas, un centenar de personas se manifestaron el pasado jueves 14 de octubre en Beirut, alzando banderas libanesas. La movilización fue convocada por chiíes Amal y Hezbollah, en contra del accionar del juez Bitar, quien investiga la explosión en el puerto de Beirut del 4 de agosto de 2020. Bitar es acusado por una gran cantidad de libaneses de tener objetivos políticos, ocluir la verdad y no realizar la investigación pertinente.
La movilización se transformó en un episodio de violencia sectaria dónde seis personas murieron por disparos de bala, cuya autoría aún es incierta. El líder de Hezbollah, Hasán Naralá, responsabilizó al partido cristiano “Fuerzas Libanesas” del tiroteo, a la vez que lo acusó de querer una guerra civil.
Paralelamente, el tribunal más alto del país rechazo las quejas contra el juez Bitar, evitando su destitución. En la misma línea, el primer ministro libanés aseveró que no se deshará de Bitar y se negó a pronunciarse contra el sistema judicial libanés.