IREMAI· GEMO
REPORTE
FRAME 01/14 · 16 de marzo de 2026

EDICIÓN 16/03

En este número:

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Fotografía · IREMAI Derechos reservados
16 de marzo de 2026 16 min Medio Oriente 3.380 palabras
REPORTE · OBSERVATORIO

En este número:

El costo de la guerra para Egipto: economía en “cuasi-emergencia” y apuestas diplomáticas

La economía en un estado de “cuasi-emergencia”

Como era de esperar, los ataques israelíes y estadounidenses sobre Irán el pasado sábado 28 de febrero tuvieron repercusiones en toda la región de Medio Oriente y Norte de África (MENA). Para el caso egipcio, la escalada que se desató tras éstos y la contraofensiva iraní implicaron interrupciones en su suministro energético, renovaron las amenazas de inseguridad en el Mar Rojo y afectaron al turismo nacional. El presidente egipcio declaró que la economía está en un “estado de cuasi-emergencia”, producto de la guerra en Irán.

Respecto al primer punto, Israel -al igual que lo hiciera con motivo de la guerra de los 12 días- detuvo la exportación de gas natural a Egipto, argumentando que cerraban los yacimientos de gas por temor a que fueran objeto de un ataque iraní. Entre el 15 y el 20% del gas que consumen los egipcios es gas israelí, y la importación de éste representa hasta un 60% del total de las importaciones egipcias. La escasez de suministro energético puede derivar rápidamente en cortes de energía y aumentos de precios que, en sociedades como la egipcia, se convierten en combustible para la frustración pública. De hecho, el 10 de marzo se hizo efectivo un aumento del 30% en el precio del gas natural, mientras que el diésel aumentó un 17%.

En lo que concierne al Mar Rojo, y como viene evidenciando el país desde los ataques del 7 de octubre de 2023, la amenaza latente de los hutíes genera consecuencias severas para los ingresos que recibe el país gracias al Canal de Suez. De hecho, desde octubre del 2023, se estima que Egipto ha perdido más de 9 mil millones de dólares en concepto de ingresos por el Canal, su fuente de dólares más importante. A ello se suma un contexto económico cada vez más complejo, donde el gobierno tiene que hacer frente a obligaciones de deuda externa y, al mismo tiempo, a la escasez crónica de divisas. Al margen del accionar de los hutíes, cierto es que en la medida en que se perciban amenazas en el entorno del Mar Rojo, los buques van a seguir desviándose al Cabo de Buena Esperanza.

Por último, otro sector que también se ve afectado, tal vez en menor medida, es el turismo. En 2025, dicho sector representó el 8,6% del PBI egipcio, al tiempo que otorgó empleo al 8% de la población económicamente activa. Es el tercer sector más importante en términos de ingresos de divisas y estaba empezando a recuperarse luego de las repercusiones que sufrió como consecuencia de la guerra en Gaza. Las continuas alertas por parte de Estados Unidos (EEUU) y otros países que aconsejan no viajar a la región o retornar a sus países de origen es, también, otro golpe a la economía nacional.

¿Fuerza árabe conjunta?

Con motivo de la guerra, también reflotó una iniciativa que había presentado el presidente egipcio, Al-Sisi, en el año 2015: la de crear una fuerza armada conjunta entre todos los países árabes. En una reunión online de los ministros de relaciones exteriores árabes, el canciller egipcio sostuvo que el

contrataque iraní demostraba la necesidad de una acción árabe conjunta, incluyendo la posibilidad de crear una fuerza armada que proteja a los Estados frente a las amenazas.

En aquella cumbre de 2015, incluso se mencionó la creación de un Consejo Árabe de Defensa compuesto por ministros de defensa y de relaciones exteriores, y otro consejo aparte compuesto por los jefes de las Fuerzas Armadas (FFAA). Lo cierto es que resulta difícil pensar que los 22 países de la Liga Árabe alcancen un consenso sobre el tamaño de dicha fuerza, quién las lideraría y dónde se ubicaría el cuartel general. Tampoco hay consensos sobre qué implica la seguridad nacional árabe ni quiénes son los enemigos más potentes; sin estas definiciones, el proyecto está más cerca de ser una utopía que una realidad.

Mediación y reposicionamiento diplomático

Sobre la relación bilateral con Irán, en febrero de este año, ambos países habían acordado restaurar por completo la relación diplomática, intercambiando embajadores –algo que no hacían desde la Revolución Islámica de 1979–. Si bien restaba un anuncio oficial, lo cierto es que se habían mantenido más de quince reuniones de alto nivel para dar este siguiente paso. Asimismo, ambos países comparten el espacio de BRICS, que ha brillado por su ausencia en el conflicto, sin siquiera publicar un comunicado conjunto respecto de los ataques sobre uno de sus miembros –aunque tampoco lo han hecho sobre el genocidio en Gaza, y aún menos sobre la invasión rusa a Ucrania–.

La postura del país ha sido la de no pronunciarse sobre los ataques israelíes y estadounidenses sobre Irán, pero sí condenar los ataques iraníes a las naciones árabes. Al mismo tiempo, Al-Sisi ha declarado que están realizando los esfuerzos para llevar adelante una mediación que ponga fin al conflicto. Según fuentes periodísticas, este esfuerzo sería conjunto con Turquía y Omán, y estaría en una fase preliminar, donde el objetivo sería lograr que las partes del conflicto envíen representantes a El Cairo para negociar.

A su vez, el ministro de relaciones exteriores, Abdelatty, condenó los ataques israelíes sobre el Líbano, condenando la violación de la soberanía libanesa y también las prácticas israelíes violatorias del derecho internacional en Cisjordania.

Consideraciones finales

En definitiva, el estallido del conflicto entre Israel, EEUU e Irán dejó en evidencia la alta exposición de Egipto a las turbulencias regionales: los impactos sobre el suministro energético, los ingresos de Suez y el turismo no son menores, y podrían profundizarse si la guerra se extiende. Lo que está por verse es hasta qué punto El Cairo tiene margen real para maniobrar diplomáticamente. Su rol histórico como mediador en la región, los canales que estaría abriendo con Turquía y Omán, y su reciente acercamiento con Irán le otorgan capacidad de interlocución. Sin embargo, ya hemos visto que incluso con todo eso a favor, resultados concretos no se han alcanzado.

MARÍA SABINA ROSSI

La guerra de otros, el problema de todos: implicancias para el Magreb

La rivalidad entre Irán y Estados Unidos (EEUU) constituye uno de los ejes estructurales de la geopolítica contemporánea. Sin embargo, la escalada reciente nos ha demostrado algo: idear y planificar un ataque no necesariamente implica que su ejecución salga según lo esperado. Que los planes cambien -por más tiempo y preparación que haya habido- transforma el panorama y genera preocupación en la región en cuestiones como la seguridad energética, las alianzas militares, la estabilidad regional y el control de las rutas marítimas. El Norte de África no queda excluido de estas tensiones.

Si bien el Magreb no cuenta con bases militares estadounidenses como los países del Golfo, puede verse afectado desde el plano económico, tanto en términos de oportunidades como de crisis.

Las tensiones en torno al Estrecho de Ormuz —principal cuello de botella energético por el que transita un gran porcentaje del petróleo mundial y el gas natural licuado (GNL), y que conecta los mercados de Asia, Medio Oriente y Europa— sumadas a los bombardeos iraníes sobre instalaciones petroleras en los países del Golfo, tienen como consecuencia inevitable el alza en el precio del barril de crudo.

Los efectos de esta alza son asimétricos en el norte del continente africano. Países como Argelia y Libia podrían verse beneficiados: el primero es el principal productor de gas en África y el quinto a nivel mundial, mientras que Libia cuenta con grandes reservas de petróleo, por lo que la suba de precios resultaría ventajosa para su economía.

Distinto es el caso de Marruecos y Túnez, ambos importadores de energía. El reino marroquí importa el 90% de los recursos energéticos que consume y, además, vería comprometido su financiamiento exterior en medio de las tensiones, dado que depende de cuantiosas inversiones provenientes de los países del Golfo en proyectos estratégicos que hoy se encuentran en un estado de incertidumbre. En cuanto a Túnez, el alza de precios provocaría un efecto dominó en el costo de servicios como el transporte y los alimentos, convirtiéndose en una crisis de consecuencias tanto fiscales como sociales. Por lo tanto, la extensión del conflicto es un punto fundamental para estos actores y el futuro que les deparará en el ámbito socioeconómico.

Las posiciones políticas también son heterogéneas. Marruecos es quien tiene la postura más definida respecto al conflicto y a quiénes apoyar. En la sesión celebrada por el Consejo de Ministros de la Liga de los Estados Árabes, el ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Naser Burita, acusó a Irán de cometer “atroces agresiones” contra la región y de ser el responsable del aumento de amenazas y del riesgo de escalada violenta. En su discurso, dedicó unos minutos a solidarizarse y expresar su respaldo a los estados afectados por los ataques iraníes, y llamó a la región a actuar de forma conjunta en defensa de la seguridad colectiva y la soberanía.

Cabe recordar que Marruecos había roto sus relaciones diplomáticas con Irán en 2018, debido a acusaciones contra Hezbollah —aliado de Teherán— de haber aprovisionado de armas a grupos

independentistas del Frente Polisario. Asimismo, en 2021 sus vínculos con Israel y EEUU se reforzaron tras los Acuerdos de Abraham.

En contraste, países como Argelia y Túnez mantienen posiciones ambiguas. Túnez parece haber optado por una postura reservada, o directamente por la ausencia de posición. Si bien es conocido su apoyo a la causa palestina, los acercamientos con Irán y cierto discurso antiimperialista de Kais Saied, no hubo comunicados oficiales que lo alineen con uno u otro lado. Argelia, por su parte, mantiene un tono moderado y evasivo: expresa solidaridad con las víctimas y llama a la distensión, pero sin una alineación clara, preservando así su margen estratégico, a pesar de su conocida afinidad con Irán.

Los enfrentamientos entre Irán, Israel y EEUU no son un fenómeno geográficamente acotado, y el Magreb ilustra con claridad esta dinámica. Sus países no son actores directos del conflicto, pero tampoco espectadores neutrales: son economías expuestas, son gobiernos con historias diplomáticas propias, son sociedades vulnerables a los vaivenes del precio del petróleo y los flujos de inversión. La región está fragmentada por sus intereses y lealtades, por lo tanto, no es extraña la heterogeneidad de reacciones y posiciones.

En definitiva, la gran pregunta que deja abierta la escalada actual no es si el Magreb será afectado, sino en qué medida y durante cuánto tiempo.

ELIANA DI PAOLO

Emiratos Árabes Unidos frente a la guerra de la que nunca quiso ser parte

Emiratos Árabes Unidos (EAU) se ha convertido en las últimas décadas en un actor clave dentro de la región de Medio Oriente y Norte de África (MENA). Sus abundantes recursos económicos lo han posicionado no sólo como un gran exportador de hidrocarburos, sino también como un centro comercial, logístico y financiero, emblema de la globalización económica y tecnológica. Pero, a pesar de su reducido tamaño, EAU también ha crecido fuertemente en el aspecto militar, al punto de ser catalogada por funcionarios estadounidenses como “Little Sparta”, por su reducido tamaño, pero su creciente peso militar en la región.

Las razones de esta fuerte inversión militar estaban relacionadas al temor a verse envuelto en una guerra regional, producto de la rivalidad entre sus grandes vecinos: por un lado, la República Islámica de Irán, y por el otro, Israel, Arabia Saudita y por fuera de la región, Estados Unidos (EEUU). Hoy, este temor se ha vuelto real de manera abrupta, rápida y violenta.

Habiendo pasado casi dos semanas del comienzo de los ataques de EEUU e Israel en territorio iraní, las naciones del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) son quienes están pagando el precio más elevado, y ninguna más que EAU. Recientemente, el Ministerio de Defensa iraní informó que, más de 1.700 misiles y drones habían sido disparados hacia los EAU, aunque más del 90 % de ellos han sido derribados por los sistemas de defensa aérea, aviones de combate y helicópteros emiratíes. De hecho, se estima que Teherán ha lanzado más misiles sobre EAU, que sobre el propio Israel.

El ataque iraní sobre sus vecinos del Golfo ha sido un quiebre en el conflicto y en la dinámica regional, sorprendiendo aun a funcionarios de EEUU. De hecho, según relata CNN, la opinión pública emiratí se había mostrado contraria al ataque estadounidense-israelí sobre Irán. Pero, esta postura cambió cuando el régimen iraní comenzó a bombardear a las monarquías del CCG, despertando enojo y rabia contra Teherán.

Las razones de porqué Irán atacó a EAU son diversas, y reflejan el difícil equilibrio que Abu Dabi ha intentado impulsar en estos últimos años. Por un lado, EAU ha dispensado una política exterior marcada por la autonomía estratégica, que lo ha llevado a tomar decisiones arriesgadas y por momentos aparentemente contradictorias. Pero, claramente han estado guiadas por lo que su dirigencia ha identificado como sus intereses nacionales.

Por un lado, Abu Dabi ha llevado una tradicional política pro estadounidense. En materia de defensa, la cooperación con Washington es de altísimo nivel. Tropas de ambos países han participado de manera conjunta en operaciones especiales y las fuerzas emiratíes recibieron una fuerte instrucción estadounidense. Sumado a esto, Washington utiliza la Base Aérea Al Dhafra para entrenamiento avanzado y despliegue de aviones de combate y drones (como los MQ-9 Reaper) y el Puerto de Jebel Ali (Dubái), que, aunque no es una base militar formal, es el puerto de escala más grande para la

armada estadounidense en todo Oriente Medio, utilizado frecuentemente por portaaviones. Con este tipo de iniciativas, los EAU han dejado claro en quién confían para su seguridad.

Claramente, Teherán ha encontrado en EAU y sus vecinos del CCG una forma cercana, rápida y con menor riesgo de golpear a EEUU. Rápidamente, el gobierno iraní comunicó públicamente que los ataques hacia EAU no formaban parte de una ofensiva contra el pueblo emiratí, sino que iban a estar circunscriptas a las instalaciones estadounidenses ubicadas allí. Aunque el daño real ha sido marginal, con el paso del tiempo y el recrudecimiento de las posturas, se han notificado ataques hacia parte de la infraestructura civil emiratí, marcando la posibilidad de quebrar un delicado equilibrio. Drones, misiles y ataques cruzados se han divisado aun en las playas de Dubái.

A su vez, es necesario recordar que EAU fue el primer país en impulsar en 2020 la firma de los Acuerdos de Abraham, reconociendo al Estado de Israel. Junto a Bahréin, fueron las dos monarquías que dieron ese osado paso de reconocer públicamente la profunda cooperación y el vínculo que venían desarrollando de manera soterrada. Desde entonces, el vínculo con Tel Aviv creció de manera exponencial. El comercio, la cooperación tecnológica y de seguridad, y el turismo se expandieron a niveles increíbles. Es sabido que las naciones del CCG admiran el ecosistema de ciberseguridad y alta tecnología israelí, y han construido un profundo vinculo de cooperación en esta materia.

Por todo esto, es indudable que EAU está pagando el precio de su vínculo y cercanía con Washington y Tel Aviv. Para Teherán, es mucho más fácil, seguro y económico golpear a sus vecinos más pequeños del Golfo – creando temor y división entre sus rivales – que atacar de manera directa a Israel o EEUU, que tienen sofisticados sistemas de defensa y una superioridad militar innegable.

Pero, además EAU tiene un valor simbólico importante. Desde hace años, se ha convertido en uno de los epicentros más pujantes del sistema financiero, económico y comercial de Occidente. Atacar a Dubái, tiene un efecto demostración importante sobre el impacto de la guerra para toda la economía mundial. Desde el comienzo de las hostilidades, miles de inmigrantes han buscado salir de EAU, gracias a una fuerte presión psicológica y temor.

Pero paradójicamente, al mismo tiempo que EAU había desarrollado todos estos vínculos con EEUU e Israel, había mantenido una postura sumamente neutral y pragmática frente a la República Islámica. Reiteradas veces, funcionarios emiratíes habían bajado el tono de confrontación con Teherán, mostrando su deseo de conservar la paz y estabilidad en la región. Al mismo tiempo, los vínculos económicos entre ambas naciones son muy profundos.

EAU es uno de los principales socios comerciales de Irán: ocupa el segundo lugar después de China. Los negocios entre ambos países se habían expandido incluso mientras EEUU endurecía las sanciones contra el régimen. El comercio bilateral se situó en USD 28.000 millones en 2024, según la Organización Mundial del Comercio (OMC). Alrededor de medio millón de iraníes consideran a los EAU como su hogar. EAU se convirtió en uno de los salvavidas económicos para Irán durante años, mientras Teherán se enfrentaba a uno de los regímenes de sanciones más severos de la historia.

Por ello, la guerra claramente ha puesto a EAU en una posición que nunca quiso estar. Abu Dabi se encuentra frente a una fuerte tensión geopolítica, siendo atacado directamente por uno de sus vecinos más poderosos. Las ciudades y puntos turísticos emiratíes no han estado preparados para ser blanco de este tipo de ataques. Al mismo tiempo, las dificultades en el comercio del canal de Ormuz generan importantes trastornos para el abastecimiento de productos claves para EAU, que tiene una de las economías más abiertas de la región y demanda una alta importación de algunos productos claves, como en el sector de los alimentos.

El presidente emiratí, Mohamed Bin Zayed al Nahyan, visitó a algunos de los heridos durante el fin de semana y lanzó una inusual advertencia a los enemigos del país: “les digo: no se dejen engañar por la apariencia de los EAU. Los EAU tienen la piel dura y la carne amarga; no somos una presa fácil”. Con esta afirmación, muestra que el tono y los ánimos están caldeados y el futuro no será fácil. Por un lado, existen distintas versiones sobre la capacidad iraní de mantener el fuego abierto con sus vecinos. Por otro lado, también hay dudas sobre la capacidad de los sistemas de defensa de los países del CCG para seguir sosteniendo en el tiempo su operatividad.

Pero, aunque el conflicto terminara prontamente, se ha roto la confianza entre Irán y los países del CCG. Por años, la tensión y la desconfianza permanecerán todavía latentes a un lado y al otro del Golfo.

LIC. JOEL FOYTH

Marruecos ante la escalada regional

En el marco de la escalada regional iniciada a fines de febrero de 2026, Marruecos adoptó una posición de solidaridad explícita con los Estados del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). El 28 de febrero, el rey Mohammed VI transmitió su respaldo a los líderes del Golfo y sostuvo que cualquier daño a su seguridad constituye una agresión grave y una amenaza directa a la estabilidad regional. Esa línea fue reiterada por Nasser Bourita, ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación Africana y Marroquíes Residentes en el Extranjero, tanto en la sesión extraordinaria de la Liga Árabe del 8 de marzo como en la 8va reunión ministerial conjunta Marruecos-CCG. En ambos espacios Rabat presentó los ataques iraníes como una violación de la soberanía de los Estados árabes y como un factor de desestabilización regional.

Esta postura no es una reacción aislada, sino que se debe entender en el marco de la activación de una asociación estratégica ya existente entre Marruecos y las monarquías del Golfo. Bourita vinculó esta postura del reino de Marruecos con lazos históricos, culturales y de seguridad que Rabat afirma compartir con el CCG, y utilizó esta coyuntura para reclamar una profundización de la cooperación estratégica y económica. Del lado de la contraparte, el CCG agradeció el apoyo marroquí, y reiteró su respaldo a la integridad territorial de Marruecos. Por lo que este escenario permite un mecanismo de refuerzo mutuo: Marruecos apoya al Golfo en materia de seguridad, y el Globo revalida prioridades centrales de la agenda marroquí.

Podemos observar que la conducta de Rabat pretende proyectar a Marruecos como un aliado árabe confiable en un contexto de crisis regional, sin ocupar un lugar central en términos militares. Esto permitiría impulsar un concepto de seguridad en sentido amplio, involucrando la estabilidad económica, inversión y comercio. Además, entrelaza esta solidaridad política con rentabilidad diplomática, que permitirá reforzar el apoyo del Golfo en su respaldo por la integridad territorial marroquí.

LIC. JOUDAR CHMURA, SARA Y SUVIRE PEREZ, EUGENIA R.

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