El pasado lunes 17 de julio, el Pentágono informó el envío de aviones de combate F-35 y F-16 junto con un buque de guerra al Estrecho de Ormuz; punto de estrangulamiento entre Irán y Omán. Esta iniciativa se basa en un intento por aumentar la capacidad norteamericana para vigilar el estrecho, tras la incautación y el permanente acoso de Irán a los buques de transporte comercial.
Resulta pertinente destacar la relevancia de dicho punto geográfico para la comunidad internacional, ya que más del 20% del crudo del mundo circula por esta vía marítima.
El despliegue más reciente ocurre luego de que el país persa intentase incautar dos buques petroleros cerca del estrecho, hace unas semanas, disparándole a uno de ellos. El objetivo de la presencia de las aeronaves es brindar cobertura aérea a las embarcaciones comerciales que naveguen por el área y hacer que las fuerzas armadas sean más visibles. Es decir, opera como un elemento disuasorio ante Irán.
Por su parte, la Administración Biden ha expresado su creciente preocupación ante el aumento de la actividad rusa en la región, a causa de una mayor cooperación y coordinación entre Moscú, 4 Teherán y el régimen sirio. En este sentido, la lectura realizada desde la Casa Blanca indica que Rusia está en deuda con Irán por su apoyo en la invasión a Ucrania, y Teherán desea que EEUU salga de Siria para facilitar el flujo de ayuda al grupo Hezbollah.
Palabras clave: EE.UU., Irán, Estrecho de Ormuz