A pesar del ingreso de ayuda humanitaria, el gobierno egipcio no está considerando abrir sus fronteras para recibir refugiados. En vez de eso, El Cairo insiste en alcanzar un cese al fuego y retomar las negociaciones para alcanzar la solución de los dos Estado en el conflicto israelí-palestino. Entre los argumentos para este rechazo se encuentra la posibilidad de que se infiltren miembros de Hamas y las incertidumbres alrededor de cuánto durará el conflicto en Gaza. Ello podría significar que los ataques de Hamas podrían salir de Egipto, volviendo al país en un objeto de futuros ataques israelíes.
Esta semana, el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, John Kirby, manifestó las intenciones de discutir con Egipto y otros países de la región sobre la posibilidad de alojar temporalmente a refugiados palestinos. Kirby agregó que no son muchos los palestinos que buscan irse para siempre de Gaza. Vale decir que el Secretario de Estado, Antony Blinken, afirmó a mediados de mes que los Estados Unidos no apoyaban la relocalización de gazatíes en el Sinaí, a la luz del rechazo general que existía en la región (incluido el de la Autoridad Nacional Palestina).
Del otro lado, Netanyahu ha buscado apoyo en sus pares europeos para presionar a Egipto a aceptar finalmente los refugiados gazatíes, e incluso se han filtrado documentos clasificados del Ministerio de Inteligencia israelí, donde se propone la relocalización permanente de la población gazatí en la región del Sinaí. Sin embargo, Francia, Alemania, Italia y Reino Unido, entre otros, han rechazado la idea en los últimos días.
Ante estas demandas, Al-Sisi ha sostenido que Israel podría relocalizar a los gazatíes en el Desierto de Negev (Israel) hasta que Hamas y la Yihad Islámica fueran derrotadas. Lo cierto es que, por sobre todas las cosas, es una idea rechazada por los países árabes porque ello implicaría, necesariamente, liquidar la causa palestina e imposibilitar la vía de los dos Estados como resolución del conflicto.