A pesar del alto perfil que pretende tener Erdoğan en los asuntos globales, la agenda interna de Turquía se ha vuelto cada vez más desafiante. En marzo de 2024, el AKP perdió terreno en las elecciones municipales, mientras que el crecimiento económico se ralentizó y la inflación se ha disparado. Pero esto no ha limitado la búsqueda de influencia en Eurasia, la re-calibración de vínculos con los países de Medio Oriente y la intención del gobierno de unirse al grupo BRICS.
Tras su victoria en las elecciones presidenciales y parlamentarias de mayo de 2023 -extendiendo su mandato hasta 2028- el presidente Recep Tayyip Erdoğan designó a nuevas figuras políticas para ocupar cargos claves en el gobierno. Hakan Fidan e Ibrahim Kalin fueron los elegidos para dirigir el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Organización Nacional de Inteligencia, lo que marcó el inicio de una etapa con nuevos matices en los vínculos internacionales de Türkiye. Precisamente, Hakan Fidan fue el encargado de presentar el documento oficial donde se consagran los principales postulados de la política exterior turca, denominada el “siglo de Türkiye”, haciendo referencia al centenario de la República. La misma menciona aspectos como reforzar la paz y la seguridad regionales, ampliar la estructura institucional de las relaciones exteriores, promover el desarrollo económico e influir en la transformación del sistema global. Dos conceptos del documento se destacan, los cuales sirven para describir el comportamiento de Turkiye en el sistema internacional en el último tiempo: autonomía y relaciones estratégicas.
En este 2024, el avance de Turquía para unirse a los BRICS se transformó en un momento decisivo para la geopolítica internacional. Si Turquía se une a los BRICS como miembro de pleno derecho o estado socio, se convertiría en el primer miembro de la OTAN -y candidato a la membresía de la Unión Europea-, en tener un papel activo en una entidad vista por algunos analistas como un desafío al predominio occidental por la presencia de China y Rusia. La gestión diplomática de Turquía es otra señal de que el sur global está ascendiendo en los asuntos mundiales, y subraya el crecimiento del no alineamiento activo como posición. Pero no se trata de una ruptura importante en la política exterior turca: la solicitud de Ankara a los BRICS es una extensión de su acto de equilibrio internacional.
Referido a lo anterior, la relación estratégica e histórica con Estados Unidos (EEUU) está lejos de romperse. Erdoğan expresó optimismo con respecto al segundo mandato de Trump como presidente de EEUU, con la esperanza de superar los últimos años de aspereza política. También indicó que trataría de discutir temas claves con Trump, incluida la compra de aviones de combate F-35, y resolver
sus desacuerdos sobre la compra por parte de Ankara de sistemas de defensa aérea S-400 de fabricación rusa. “Aunque hubo diferencias de opinión ocasionales, el modelo de asociación entre Turquía y EEUU es indiscutible”, dijo Erdoğan. Un aspecto destacable de sus declaraciones fue su énfasis en utilizar la “diplomacia telefónica” para abordar cuestiones críticas, como las guerras de Israel en Gaza y Líbano y la posible decisión de Trump de retirar las fuerzas estadounidenses de Siria.
Otra cuestión a abordar para Erdoğan en su vínculo con Trump es la aparición del Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC), un ambicioso proyecto que amenaza con crear rutas comerciales transcontinentales que eviten tanto Irak como Turquía, proporcionando un nuevo incentivo para que los dos países trabajen juntos. El corredor, promovido por EEUU, Israel y las monarquías del Golfo, busca crear nuevas rutas comerciales que podrían socavar los corredores comerciales estratégicos que están estableciendo Irak y Turquía. En respuesta, Bagdad y Ankara han dado luz verde a proyectos de infraestructura alternativos para salvaguardar sus intereses.
La política de prestigio y reconocimiento internacional que pretende Türkiye busca presentar al país como un mediador confiable en conflictos globales, tal como demostró con la guerra de Ucrania. Turquía organizó conversaciones de alto el fuego en Estambul en 2022 entre Rusia y Ucrania y negoció un acuerdo histórico de granos entre ambos ese mismo año. Entre 2023 y 2024, Ankara también ha facilitado varios intercambios de prisioneros entre Moscú y Kiev. “Somos un país que ha logrado reunir a ambas partes en torno a una misma mesa. Lo hemos hecho muchas veces y podemos hacerlo de nuevo”, ha alegado Erdoğan. Sin embargo, en estas cuestiones se refleja un equilibrio muy frágil que muchas veces se restringe por las decisiones de otros actores. Este 2024, Rusia dio por finalizado de manera unilateral la Iniciativa de Granos del Mar Negro y ha restringido el comercio con Turkiye por las acusaciones de encubrir el aprovisionamiento de armas a Ucrania. Esto se da bajo un contexto de tensión que persiste entre ellos en Siria, donde las fuerzas de Bashar Al Assad son respaldadas por Rusia y los grupos opositores apoyados por Turquía.
Un mes después de conseguir su reelección en 2023, el presidente turco se embarcó en una gira por Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes Unidos (EAU), señalando que Medio Oriente en general seguirá siendo un elemento clave de la política exterior turca. Sin embargo, hubo obstáculos importantes que dificultaron el proceso de re-calibración de Turquía con la región, en particular la escalada del conflicto palestino-israelí y la feroz retórica de Erdoğan contra Israel.
En 2023, Erdoğan mostró una cautela inusual, pidiendo moderación a todas las partes, señalando su deseo de continuar los esfuerzos de reconciliación plena con Israel. Sin embargo, en un giro diplomático de magnitud, Erdoğan comenzó a apoyar a Hamás de manera pública, afirmando que no los veía como una organización terrorista sino como “luchadores por la libertad”. En este 2024, las relaciones comerciales entre Turquía e Israel se detuvieron por decisión del gobierno turco, aunque las empresas han encontrado formas de eludir el embargo canalizando bienes a través de las aduanas palestinas, dando la apariencia de lazos rotos mientras el comercio continúa entre bastidores.
Por su parte, el escenario de mayor preocupación en materia de seguridad para Turquía continúa siendo Siria, y el proceso de reconciliación que comenzó el último año resultó ser una distensión, que sólo implicó una reducción de las hostilidades y el establecimiento de canales de comunicación limitados entre los dos gobiernos adversarios. Con los últimos eventos de diciembre de 2024, es probable que este proceso se revierta, y lo único que pueda unir a Ankara y Damasco es la cooperación para trabajar contra la autonomía kurda en Siria.
Caso contrario ha sido la reconciliación entre Turquía y Egipto, la cual puede denominarse como la iniciativa más exitosa, llegando a alcanzar una normalización completa de las relaciones. Ambos países parecen haber dejado atrás sus desencuentros post Primavera Árabe. Sin embargo, siguen siendo opuestos en una serie de cuestiones importantes, especialmente sobre el conflicto en Libia.
Respecto al Golfo, la re-calibración en el vínculo entre Turquía y EAU ha sido el proceso más destacado hasta ahora, además de mostrar un potencial de desarrollo a futuro. Ambos países no sólo han puesto fin a las hostilidades, sino que también han comenzado a cooperar en áreas claves. La economía es el factor más importante, pero la cooperación en defensa y seguridad también está creciendo, con probabilidad de convergencia geopolítica. Incluso en áreas de desacuerdo, como en el tema de Libia, el alcance de estas diferencias ha disminuido significativamente. Dado el superávit de efectivo de los EAU y las necesidades de financiación de Turquía -junto con sus respectivas ambiciones de seguridad-, existe un margen significativo para un mayor desarrollo bilateral. Aunque es demasiado pronto para llamarlos aliados, el potencial de acercamiento ha sido evidente en este 2024.
Arabia Saudita comparte un perfil económico y de seguridad similar con los EAU y, por lo tanto, complementa de manera semejante las fortalezas y necesidades de Turquía. Sin embargo, los esfuerzos de reconciliación han quedado rezagados con respecto a los realizados con EAU, debido a la animosidad entre los líderes, así como al tamaño de Arabia Saudita, lo que ha dado lugar a una
competencia entre los dos países por el liderazgo del mundo musulmán suní. Dada la rivalidad y las tensiones personales en curso, no está claro en este momento si la reconciliación turco-saudí puede ir más allá de la normalización de las relaciones.
Por último, cabe mencionar a Irak, quien se presenta como el nuevo socio de confianza para Turquía. En este 2024, se han firmado 27 acuerdos destinados a mejorar la cooperación en diversos ámbitos, aunque todavía no existe un memorando de entendimiento sobre cooperación en materia de seguridad. Sin embargo, como parte de un compromiso tácito en estas cuestiones, Irak declaró al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) como organización prohibida, alineándose con la política de décadas de Ankara.
Con respecto a los desafíos internos para Turquía, la economía sigue siendo el mayor: creció un 4,3% menos de lo esperado en el año, ya que la demanda interna disminuyó, al igual que la producción industrial. A pesar de que las previsiones de crecimiento eran positivas para 2024, la principal economía de mercado emergente se ha enfriado ante una campaña de endurecimiento monetario que comenzó en junio de 2023, donde el banco central ha subido los tipos al 50% desde el 8,5% para frenar la inflación -que superó el 48% en el pasado mes de noviembre-. Otra cuestión es la creciente presión tanto dentro del AKP como del gobierno sobre el futuro del liderazgo de Erdoğan. A sus 70 años, sigue siendo más joven que varios de sus compañeros de partido, pero su edad se está convirtiendo en un problema. Las especulaciones sobre su posible retiro han sido un tema frecuente en los círculos políticos a lo largo del año. Durante las elecciones locales de marzo, Erdoğan parecía cansado y menos entusiasta, e incluso se refirió a la contienda como su “última elección”. Esto llevó a los miembros del partido a comenzar a contemplar su propio futuro, con varias figuras posicionándose a puertas cerradas para apoyar a posibles sucesores. El AKP celebrará su convención regular en abril de 2025, y las reuniones provinciales para seleccionar delegados y líderes locales están programadas para comenzar a principios del mismo año. Muchos en Ankara creen que las decisiones de Erdoğan antes de la convención van a señalar a quién prefiere como su sucesor.