Según una publicación del medio Financial Times, funcionarios de Irán y Arabia Saudita mantuvieron conversaciones encaminadas hacia la recuperación de los lazos diplomáticos rotos a principios de
2016.
El pasado nueve de abril, tras más de cinco años, una delegación iraní se sentó frente a frente con otra saudí en Bagdad. Uno de los temas sobre la mesa fueron los recientes ataques hutíes, algunos atribuidos a Irán, con resultado positivo. La noticia llega en medio de los intentos de la Administración Biden por revivir el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), sumado a una escalada del conflicto en Yemen y al aumento de producción de hexafluoruro de uranio por parte de Teherán. En este contexto, el acercamiento entre dos grandes rivales regionales implicaría un importante
paso para la estabilidad regional.
El rol del Primer Ministro iraquí, Mustafa Kadimi, como mediador en las conversaciones fue crucial. En primer lugar, porque la historia del MENA está atravesada por la injerencia extranjera desde sus inicios, por lo que la mediación de un actor regional debe destacarse. En segundo lugar, porque Irak es escenario de una proxy war entre Irán y Arabia Saudita. En este sentido, el lugar de Irak como mediador resalta la faceta interméstica del conflicto, buscando obtener beneficios no sólo a nivel
regional, sino también estabilidad interna.
Sin embargo, debemos ser cautos y no apresurar conclusiones. Teniendo en cuenta las profundas diferencias entre Riad y Teherán, llegar a un entendimiento es una perspectiva difícil. El inicio de un
3 diálogo, aunque desmentido por las partes, representa una oportunidad en un contexto de crisis
con un poder político y económico diezmado.