En el 2013, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) publicó un informe en donde se indica que el 99,3% de las mujeres en Egipto han sufrido algún tipo de acoso sexual y estipula que más del 93% de éstas no han acudido nunca a un establecimiento policial a denunciar. La ausencia de denuncias obedece a factores culturales, como el temor de las mujeres a dañar su propia reputación, y también a factores institucionales, como las enormes exigencias para probar el acoso.
Pese a que en 2014 Egipto decretó su primera ley contra el acoso sexual, la misma no generó el consenso social necesario ni la eficacia suficiente. Fue recién el 1 de junio del 2020 donde, luego de que estallara en las redes sociales denuncias de distintas mujeres al joven de 21 años Ahmed Bassem Zaki, que el tema del acoso sexual fue puesto en el escenario público con gran magnitud. A Zaki se lo acusa de haber acosado y agredido a un centenar de mujeres y se lo ha detenido por seis cargos. Con el foco mediático y social puesto sobre la figura del acoso, el Consejo Nacional de Mujeres de Egipto inició una campaña de concientización y en menos de una semana recabaron 400 denuncias más. El ejecutivo se hizo eco e intentando subsanar las deficiencias de la ley de
7 2014 se aprobó de forma preliminar ciertas enmiendas para reforzar la confidencialidad de las personas que denuncien. Además, varios diputados propusieron discutir una ley integral que condene las distintas y variadas formas de violencia contra las mujeres. Por su parte, las principales autoridades religiosas se expresaron en contra de cualquier tipo de acoso y han brindado su apoyo a las víctimas. El lado B es que se han incrementado los arrestos y sentencias a las jóvenes que publican contenido que “atenten contra la moral pública” o “violen los valores familiares egipcios”.
Palabras clave: Acoso sexual, mujeres, Egipto