El pasado domingo 6 de agosto, el Alto Consejo de Estado libio con sede en Trípoli llevó a cabo elecciones, que anualmente determinan la principal autoridad del cuerpo, poniendo fin al mandato de Khaled al-Mishri. Este había sido renovado periódicamente desde que asumió en 2018.
Muhammad Takala fue elegido como nuevo líder por 67 votos contra 62.
A pesar de su carácter consultivo, el Alto Consejo de Estado actúa como un Senado y tiene amplia influencia en las cuestiones políticas del país. La elección de Takala no es tanto un voto de confianza hacia su persona, sino un rechazo a al-Mishri y un intento de realinear las posiciones del Alto Consejo
que se habían dividido recientemente.
Frente a la presión internacional para llevar a cabo elecciones nacionales definitivas y restablecer la estabilidad política en Libia, el Alto Consejo de Estado encabezado por al-Mishri y la Cámara de Representantes bajo el liderazgo de Aguila Saleh se habían opuesto al Primer Ministro interino Abdul Hamid Dbeibé. Exigían la elección de un nuevo gobierno interino antes de realizar las elecciones. Aún no está claro cómo la elección de Takala impactará en las conversaciones con la Cámara de
Representantes, pero su posición actual favorece la permanencia de Dbeibé en el poder.
Mientras tanto, Naciones Unidas y gran parte de la comunidad internacional se oponen a la elección de un nuevo gobierno interino. Consideran que Khaled al-Mishri y Aguila Saleh representan el statu quo y buscan nuevas formas de perpetuarse en el poder y ampliar su poder de negociación.
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