Entre los días 13 y 20 de mayo, se desarrollaron de manera consecutiva dos encuentros diplomáticos de alto nivel en Beijing entre China, Estados Unidos (EEUU) y Rusia. En estas cumbres, protagonizadas por el presidente chino Xi Jinping y sus homólogos Donald Trump y Vladímir Putin, el capítulo iraní estuvo presente, a pesar de la ausencia de resultados y anuncios concretos. Si bien no mantuvo la centralidad debido a la extensión de las agendas mutuas, el peso del conflicto en Medio Oriente para los intereses de las potencias continúa posicionando a Irán y al estrecho de Ormuz como un elemento clave en las negociaciones diplomáticas. En este contexto, tanto China como EEUU mostraron sintonía respecto del estatus deseado en el golfo Pérsico, sosteniendo la apertura y la libre navegación del estrecho de Ormuz. Sin embargo, la ausencia de anuncios concretos sugiere que China no acudió a su influencia sobre Irán para fortalecer la posición negociadora de los EEUU. Al mismo tiempo, coincidieron en su rechazo a la proliferación nuclear, posición que ambas potencias nucleares comparten con Moscú.
Estas cumbres se enmarcan en un complejo proceso de negociaciones indirectas entre Washington y Teherán a través de Pakistán y canales secundarios. Transcurridas seis semanas desde el alto al fuego, el estrecho permanece bajo control iraní, mientras que las posiciones sostenidas por ambas partes expresan posturas maximalistas con muy pocos puntos de acuerdo entre sí. En este sentido, el 19 de mayo el vicepresidente estadounidense JD Vance sostuvo que “EEUU e Irán han hecho bastante progreso y ninguna de las partes quiere reanudar la guerra”. Un día antes, el presidente Trump afirmó en el sitio Truth Social que, por pedido de sus aliados del Golfo, suspendió el ataque previsto para ese martes, mientras esperan nuevas concesiones de parte de Irán. Hasta el momento, Teherán rechazó las exigencias norteamericanas, que giran en torno a la cuestión nuclear iraní y la apertura del estrecho de Ormuz. Según la prensa iraní, EEUU rechazó las demandas iraníes, que incluyen terminar la guerra en todos los frentes –incluso en el Líbano–, levantar sanciones económicas y pagar reparaciones por los daños ocasionados en la guerra.
Respecto de Irán, dos días después del encuentro entre Trump y Xi Jinping, Teherán nombró como Enviado Especial en China a Mohammad Bagher Ghalibaf, figura central del gobierno iraní, que ha concentrado poder y autoridad en el seno de un régimen que perdió a sus principales líderes al comienzo de la guerra. Ghalibaf preside el Parlamento iraní y lideró la delegación que mantuvo las negociaciones con EEUU en Pakistán. En China heredará el cargo de Ari Lajilani, muerto el 17 de marzo por ataques estadounidenses e israelíes. Con una economía fuertemente dependiente de China, su nombramiento representa una señal clara de que Irán considera al gigante asiático como una plataforma central de sus vínculos a futuro, en un marco de aislamiento internacional y sanciones comerciales. Además, expresa la búsqueda de incluir a Beijing en la reconstrucción de las capacidades iraníes en la post guerra, así como reforzar sus vínculos económicos en el marco del Acuerdo de Cooperación Integral de 25 años, firmado en 2021.