El año 2022 fue inaugurado con grandes tensiones a nivel internacional, teniendo como punto culmine el jueves 24 de febrero, momento en el que Rusia decidió invadir el territorio ucraniano dando comienzo al actual conflicto. La mayoría de los analistas y medios de comunicación estuvieron enfocados en las probabilidades de una guerra que pudiera tener características “mundiales”. Este escenario permitió quitar, quizá momentáneamente, el foco de Medio Oriente. Lo cual brindó al Estado Islámico (EI) una “libertad de acción”.
Tanto Siria como Irak siguen transitando momentos turbulentos a nivel doméstico, propiciando al EI un terreno sumamente fértil para su penetración. El 22 de enero del corriente año, el grupo yihadista realizó el ataque más grande desde su supuesta derrota en el año 2019. El mismo fue perpetrado contra la cárcel de Ghwayran al noroeste de Siria, en línea con el plan de liberación de sus soldados. Hay que tener presente que estos ataques no son una novedad, ya que a finales del 2021 fueron llevados a cabo contra cárceles iraquíes.
Hoy se suma como escenario de atentados un nuevo territorio en el cual el EI todavía no había operado. Israel fue víctima de dos atentados durante los últimos días de marzo, cercanos a la fecha del Ramadán. Tras lo ocurrido, el primer ministro israelí Naftali Bennett endureció su 2 narrativa frente a lo que catalogó como "ola de terrorismo árabe asesino" multiplicando las redadas y detenciones, principalmente en Cisjordania y en comunidades árabes.
El EI prometió venganza a la muerte de su líder, Abu Ibrahim al Hashimi al Qurashi, y de su portavoz, Abu Hamza al Qurash en manos de EE.UU. “Europa está ardiendo y los cruzados se matan entre ellos", afirmó el nuevo portavoz. El domingo 17 de abril la organización envió un llamamiento a sus seguidores para continuar perpetrando atentados bajo el título de “venganza por la muerte de los dos jeques”. De su nuevo líder, Abu al Hasan al Qurashi, todavía no se obtuvieron muchos datos. Su asunción denota la rapidez de reorganización que posee el grupo terrorista.