La filial del Estado Islámico en Afganistán (EI-K) se atribuyó la responsabilidad del ataque con cohetes en el aeropuerto de Kabul el pasado 26 de agosto, donde se desarrollaban las labores de evacuación en un ambiente de tensión e incertidumbre.
Si bien las defensas antimisiles de Estados Unidos interceptaron varios de los misiles que fueron disparados contra el aeropuerto de Kabul, hasta el momento el número total de víctimas asciende a 170 fallecidos, entre ellos 13 soldados estadounidenses, y a al menos 150 heridos, según una fuente cercana a los jefes talibanes, que pidió anonimato. Sin embargo, el número total de víctimas del atentado continúa siendo incierto, al no haber un recuento oficial ya que, tras la caída del Gobierno afgano, las oficinas y las autoridades del servicio público dejaron de ofrecer información oficial sobre la situación sanitaria del país.
Paralelamente, el subdirector de Logística del Estado Mayor de EE.UU., el general Hank Taylor, anunció el pasado 28 de agosto que tras lanzar una ofensiva con drones sobre Afganistán se logró acabar con la vida de dos miembros de EI-K de alto perfil e hirió a otro. Además, Taylor aseguró que hubo “cero víctimas civiles" y afirmó que Washington continuará realizando operaciones contra los terroristas del EI-K "según sea necesario".
Asimismo, detalló que los supuestos terroristas ejecutados desempeñaban los papeles de "facilitadores" y "planificadores", aunque rechazó precisar si participaron de alguna forma en la
3 organización del ataque contra el aeropuerto de Kabul o qué funciones específicas desempeñaban.
En la misma rueda de prensa, el portavoz del Departamento de Defensa, John Kirby, se negó a valorar cómo la pérdida de esos dos individuos puede impactar la capacidad del EI para planificar ataques.