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El éxito tunecino: El modelo democrático que busca inspirar a la región de Medio Oriente

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Fotografía · IREMAI Derechos reservados
16 de diciembre de 2016 2 min Medio Oriente 407 palabras
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El sueño árabe de un futuro democrático y sin corrupción animado por el discurso pronunciado en El Cairo por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, al comienzo de su mandato, ha tenido un alto coste en la región del Medio Oriente y Norte de África. Esa búsqueda de asimilarse con la forma de gobierno democrática occidental, tan solo parece haberse alcanzado en Túnez –pero no sin conflictos- mientras en el resto de las naciones el proceso se convirtió en pesadilla: o han regresado a un modelo incluso más autoritario, como en Egipto o se han instalado en guerras interminables, como en Siria y Libia.

La auténtica prueba democrática es la alternancia, es decir, que el carácter democrático de un partido político solo se comprueba a través de los hechos cuando cede el poder a otro partido para que gobierne. A comienzo de las revueltas árabes era el modelo turco el ejemplo a seguir, donde el Islam parecía compatible con la idea de una democracia para los países de la región. Algunos como Egipto y Túnez intentaron seguir el ejemplo. Lo que no supieron hacer los Hermanos Musulmanes en Egipto, lo supo aprovechar el Ennhada, un

partido político tunecino, islámico, democrático y civil presidido por Rachid Ghannuchi, que ganó las primeras elecciones, participó en la elaboración de una Constitución inclusiva en la que se garantiza la libertad religiosa y la separación entre religión y política y que se ha transformado ahora en lo más parecido a un partido demócrata musulmán, el equivalente de la democracia cristiana europea.

La coalición realizada entre Ennahada y Nidá Tunis -partido integrado por algunos dirigentes vinculados al antiguo régimen- ha sido definida por algunos expertos como ‘un compromiso histórico’ entre las dos almas políticas del país magrebí, la tradicionalista y la modernista. El Parlamento tunecino dio su aval para la conformación del nuevo Ejecutivo presidido por Youssef Chahed gracias a que ambas formaciones políticas, que se profesaban gran hostilidad, sellaron un pacto tras las elecciones de 2014.

El islam únicamente no es la solución, tal como decían los Hermanos Musulmanes egipcios y Turquía ya no es el modelo democrático a seguir, tal como pretendía Erdogan. El modelo y la solución, por el momento, hay que buscarlos todavía en Túnez, aún con sus fallas y conflictos internos, allí donde empezó todo en diciembre de 2010, es el único lugar donde todavía se mantiene alguna esperanza de consolidación democrática.

PAULA BERDINI

Observatorio Región MENA

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