El pasado sábado 11 de noviembre, el presidente de Irán, Ebrahim Raisi, llegó a la capital saudí para asistir a una cumbre de emergencia islámica, realizada en conjunto entre la Organización de Cooperación Islámica y la Liga Árabe, con el fin de arribar a una postura común respecto a la escalada del conflicto palestino-israelí. Se trata del primer viaje oficial de un mandatario iraní a Arabia Saudita desde que ambos países restablecieran relaciones diplomáticas tras siete años de ruptura.
El objetivo principal del encuentro ha sido alcanzar una posición unificada “que exprese la voluntad común árabe y musulmana respecto a los hechos peligrosos y sin precedentes observados en Gaza y en los territorios palestinos”, declaró una agencia de prensa saudí. Por su parte, el secretario general adjunto de la Liga Árabe, Hossam Zaki, afirmó que tratarán “el camino a seguir en la escena internacional para poner fin a la agresión, respaldar a Palestina y su pueblo, condenar la ocupación israelí y hacerla responsable de sus crímenes”.
En su intervención en la cumbre, Raisi declaró que se encontraban allí reunidos para “salvar a los palestinos”, en nombre del mundo islámico. También acusó a Estados Unidos de bloquear un alto al fuego en Gaza y, como consecuencia, ocasionar la expansión regional del conflicto; afirmó que las declaraciones de Washington condenando los ataques no se condicen con sus acciones. Ante estas expresiones, el escenario regional se tensiona cada vez más, al calor de la influencia de la República Islámica y su constante rechazo hacia Israel y Estados Unidos.
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