El pasado fin de semana se dio a conocer un acuerdo entre la compañía petrolera estadounidense Delta Crescent Energy y las autoridades Kurdas de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), ubicadas al noreste de Siria. Se trata de un acuerdo que tiene como objetivo modernizar los campos petroleros de la zona y, a su vez, se lo considera como una maniobra por parte de los Estados Unidos para impulsar su presencia en el terreno.
El acuerdo se reveló por primera vez en un intercambio durante la audiencia del Congreso estadounidense entre el senador republicano de Carolina del Sur, Lindsey Graham, y el secretario de Estado, Mike Pompeo. En la audiencia, Pompeo ratificó el apoyo de la Administración Trump a dicho acuerdo y postuló que “tomó un poco más de tiempo de lo que esperábamos y ahora estamos en implementación. Puede ser muy poderoso”.
Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores de Turquía, las críticas no tardaron en llegar. Ankara condenó rotundamente el acuerdo y postuló que éste ignora por completo el derecho internacional y la soberanía siria, a la vez que se está encubriendo la financiación del terrorismo. 2 Asimismo, el régimen sirio lo describió como un “robo” y que solo buscan robar el petróleo sirio con apoyo estadounidense.
Si bien no es novedad el interés norteamericano por el petróleo sirio, todavía no queda claro la fuerza del acuerdo ya que los campos petroleros en el noreste del país han sufrido daños importantes por el conflicto con Estado Islámico y más del 60% necesitan ser reparados. Sin embargo, el apoyo estadounidense a las fuerzas kurdas y el control de esa zona puede promover un mercado petrolero alternativo por fuera del gobierno sirio. Sumada a la grave crisis que vive el país, esto puede ser un punto de quiebre para el gobierno y su lucha por recuperar dichas zonas.
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