El pasado martes 13 de mayo, los principales portales de noticias del mundo cubrieron uno de los acontecimientos más importantes de la semana a nivel internacional: la llegada de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, a Arabia Saudita. La visita responde al primer viaje oficial de la segunda administración del mandatario, luego de un breve viaje al Vaticano y a Roma para asistir al funeral del Papa Francisco. La gira comenzó el 13 y se extendió hasta el viernes 16, y también incluyó a Qatar y a Emiratos Árabes Unidos (EAU) como destinos. El objetivo de la visita era reforzar los vínculos bilaterales con los tres países, en el marco de un contexto regional signado por una alta tensión, así como lograr acuerdos comerciales, tecnológicos e inversiones tanto para los países árabes como para el propio Washington.
Ahora bien, la gira por el Golfo ciertamente abre un interrogante: ¿por qué se eligió a Arabia Saudita como destino del primer viaje oficial? Claro está, que la elección dista de ser una casualidad: Riad también fue el primer lugar que Trump visitó durante su primera administración, aterrizando en el país árabe en mayo de 2017. Varios argumentos parecen esgrimirse para justificar esta decisión. En primer lugar, resulta menester destacar que, en su primer mandato (2017-2021), la Casa Blanca se dedicó a lograr la normalización de las relaciones diplomáticas entre Israel y cuatro países más del MENA -Bahréin, EAU, Marruecos y Sudán- en el marco de los Acuerdos de Abraham en 2020. Se esperaba que Arabia Saudita se sume al acuerdo y el objetivo continuó con la administración Biden. No obstante, y si bien se había avanzado en esa dirección, los ataques del 7 de octubre por parte de Hamas a Israel pusieron fin a este escenario. Ahora, con Trump 2.0, se retoma el objetivo de su primera presidencia: que Riad y Tel Aviv normalicen las relaciones diplomáticas. En segundo lugar, se destaca la cercanía que existe entre Trump y Mohamed bin Salman (MBS), príncipe heredero y primer ministro de Arabia Saudita. Otro motivo se debe a que Riad se erige como mediador a nivel regional e internacional (ya que las negociaciones entre EEUU y Rusia por Ucrania se llevaron a cabo en este país).
No obstante, la península arábiga también le asigna una gran relevancia a sus vínculos con el Estados Unidos de Trump. La cercanía entre los países del Golfo y la Casa Blanca puede observarse a través de las distintas formas de “adulación” hacia el país norteamericano. Esto se vio reflejado con la interpretación de "Dios bendiga a Estados Unidos", de Lee Greenwood, para la entrada del presidente Trump al escenario, así también como un cierre con “Guantánamo” en la Conferencia del Foro de Inversiones saudíes-estadounidenses. Aviones de combate F-15 escoltando al avión presidencial, jinetes en caballos árabes acompañando su comitiva, la imagen de la bandera de Estados Unidos en el Burj Khalifa y el recibimiento de Trump en Abu Dabi con el baile del cabello, son todos ejemplos que evidencian la hospitalidad de los países del Golfo hacia el mandatario estadounidense. Todas estas opulencias son parte del agradecimiento y perspicacia de las monarquías árabes hacia Washington, en especial por parte de Arabia Saudita.
Trump en Arabia Saudita: principales puntos de la visita
Uno de los puntos centrales sobre los que versó la reunión entre Trump y MBS fue el paquete de cooperación económica y militar valuado en más de 600.000 millones de dólares, que incluye un
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acuerdo por más de 142.000 millones de dólares definido como “el mayor acuerdo de venta de armas de la historia” por la Casa Blanca. Informes de la BBC destacan que las principales áreas de compromisos por parte de Estados Unidos son la defensa, energía, infraestructura e inteligencia artificial y, del lado saudí, inversiones en centros de datos, aviación, sanidad y minerales en territorio norteamericano. En cuanto al primer punto -las áreas cubiertas por la inversión de Washington-, se incluye “el fortalecimiento de las capacidades aéreas y espaciales de Riad; el sistema de defensa antimisiles; la seguridad marítima y costera; la modernización de las fuerzas terrestres y de frontera, y la mejora de los sistemas de información y comunicación”. El objetivo es convertir a Arabia Saudita en una importante potencia militar en la región de Medio Oriente. Las operaciones comerciales tampoco se quedan atrás: la empresa saudí DataVolt invertirá más de 20.000 millones de dólares en centros de datos e infraestructura energética en EEUU, y se le suma la colaboración conjunta de empresas como Google, Oracle, Salesforce, AMD y Uber para invertir en tecnologías “transformadoras” para ambos países. Se destaca, además, la exportación de gasoductos y turbinas y la venta de aviones Boeing 737-8 a AviLease, aerolínea saudí. Además, se firmó un Memorándum de Entendimiento para la cooperación en materia energética, aeroespacial y en minería y recursos minerales.
Por otro lado, una de las imágenes más emblemáticas de la visita fue el estrechamiento de manos entre el presidente de Estados Unidos y el presidente de Siria, Ahmed al-Sharaa (también conocido como Abu Mohamed al-Golani, por su nombre de guerra), en el marco del levantamiento de las sanciones estadounidenses hacia Siria a “petición” de MBS, según lo declaró el propio Trump con un tono jocoso durante el desarrollo del Foro de Inversiones. Se espera un avance en la reconstrucción económica y política del país, luego de más de una década de guerra civil. Además, en esta línea, el pasado 17 de mayo, tanto Arabia Saudita como Qatar pagaron la deuda que tenía Damasco con el Banco Mundial.
Los tecnoutópicos presentes: Elon Musk en Riad
Un personaje de gran importancia que formó parte de la delegación norteamericana fue Elon Musk, líder del Departamento de Eficacia Gubernamental (DOGE), que arribó a Riad con un propósito clave en materia de acuerdos económicos y tecnológicos: firmó un contrato para proporcionar servicio satelital en el reino, especialmente en el sector marítimo y de aviación. Otros de los acuerdos claves fue el Anunció la creación de un campus de IA en Abu Dabi, en colaboración con empresas como Nvidia y Amazon Web Services. Por su parte, Tesla también hizo presencia mediante la participación en una caravana de Cybertrucks en Qatar, destacando la presencia de la marca en la región. Todo esto denota y refleja una estrategia para expandir la influencia tecnológica estadounidense en Medio Oriente, desafiando restricciones previas impuestas por la administración Biden. La participación de Musk en reuniones con líderes extranjeros, como con el presidente interino de Siria, y su presencia en eventos diplomáticos, subraya su papel como figura influyente en la política internacional. Su capacidad para negociar directamente con líderes mundiales destaca una nueva dinámica en la diplomacia estadounidense, donde actores no gubernamentales desempeñan roles significativos. La figura de Musk como empresario no puede separarse del Musk político: esta dualidad de roles ha generado preocupación sobre un posible conflicto de intereses. Aunque tanto Trump como Elon han afirmado que se evitarán tales conflictos, la cercanía entre sus intereses
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empresariales y decisiones políticas plantea interrogantes sobre la transparencia y ética en la administración.
La autonomía estratégica saudí
El fin de la gira de Trump por Oriente Medio dejó un sabor agridulce: en Abu Dabi, pronunció un discurso sorpresivo y de gran impacto donde habló de la guerra en Gaza e hizo un llamamiento al fin de la crisis humanitaria. Mencionó, además, el sufrimiento que padecen millones de palestinos, y declaró que es hora de ponerle fin a esta situación y que Estados Unidos haría un buen trabajo en encontrar una solución al conflicto. Sin embargo, esto causó gran sorpresa debido a que, meses antes, Trump había anunciado un plan para Gaza, donde se distribuiría a la población entre los países del Medio Oriente, y el territorio se destinaría a la construcción de un complejo turístico. Lógicamente, el plan contó con el beneplácito israelí.
Entonces, si se observa a Arabia Saudita, uno se encontraría con cierta dualidad o “autonomía estratégica” en su política exterior: allá por marzo, Riad se opuso fervientemente al plan de Trump y participó en la Cumbre en El Cairo, Egipto, para formular una iniciativa que contrarreste la propuesta norteamericana y plantee la reconstrucción de Gaza por etapas. Además, había planteado que la normalización de las relaciones diplomáticas con Israel no se lograría hasta que exista un Estado palestino independiente. Sin embargo, tan solo dos meses después, se convirtió en el primer destino que visitó Trump en su gira y recibió al mandatario con honores, dando cuenta de la buena relación que existe entre él y MBS, y aprovechando al máximo los vínculos bilaterales en materia comercial y de seguridad para convertirse en una importante potencia regional con capacidad tecnológica y militar. Así, podría decirse que su política exterior funciona como un péndulo: busca erigirse como un mediador a nivel regional e internacional, a la vez que se presenta como un socio relevante para los Estados Unidos y las potencias occidentales. Un claro ejemplo de ello a sido la negativa de ingresar a los BRICS como miembro de pleno derechos y de detentar el status de invitado, a cambio de apostar por la firma de una Asociación Económica Estratégica que finalmente se alcanzó con los Estados Unidos en la mencionada gira.
Palabras clave: Arabia Saudita - Estados Unidos - autonomía estratégica - seguridad - comercio
Fuentes
bbc.com dw.com lanacion.com.ar economist.com theguardian.com