El pasado 15 de mayo el secretario de Estado, Mike Pompeo, realizó una vista sorpresa a Israel en medio de pandemia. La agenda estuvo marcada por el enfrentamiento con Irán y sus milicias, como Hezbolá, el denominado Acuerdo del Siglo que promueve la paz entre israelíes y palestinos y, por último, los proyectos chinos en el Estado judío.
Este último punto fue el verdadero plato fuerte y se vio reflejado cuando Pompeo empezó a elogiar la tecnología israelí. En ese contexto expresó “Colaboremos para el beneficio de todo el mundo [contra el virus]. Vosotros sois un gran socio, compartís información no como otro país del que también hablaremos que no colabora y oculta información". Ante esto Netanyahu solo atinó a asentir y en otro guiño a China, el Secretario de Estado fue contundente "Cierto, las democracias hacen estas dos cosas de la mejor forma".
China juega fuerte en Medio Oriente y con Israel no es la excepción. A EE.UU. no le hace ninguna gracia que el gobierno de Xi Jinping pueda operar la nueva terminal del puerto de Haifa o que participe en la licitación para la instalación de la mayor planta desalinización del mundo en el centro de Israel.
Ante las acusaciones, el embajador chino critico las palabras de Pompeo y estableció que su país nunca ocultó información y señaló que “La historia demuestra que durante las pandemias siempre se buscan conspiraciones y chivos expiatorios, nuestros amigos judíos conocen de eso”.
La visita de Pompeo vino a poner blanco sobre negro acerca de los verdaderos intereses en la región. En una profundización de la crisis entre China y EE.UU., Israel deberá tomar posición y el Secretario de Estado vino a asegurarse que sea para su país. El Estado judío es líder en tecnología y China ve esto como una posibilidad en su búsqueda de superioridad. Estamos ante la punta del iceberg en un conflicto que recién empieza.