El pasado 24 de junio el mandatario turco ganó indiscutiblemente las elecciones. En un manifiesto electoral de mayo, el estadista había afirmado que, en caso de ser victorioso, su política exterior tendría una postura realista, poniendo las cuestiones de seguridad nacional por encima de todo. Su objetivo sería construir una Turquía militarmente fuerte que pudiera ponerse en pie frente a sus enemigos y protegerse contra todas las amenazas externas, a la vez de convertirla en una potencia clave en la región.
A pesar que muchos mandatarios occidentales salieron a felicitar a presidente turco, las relaciones con el oeste no son las mejores. Muchos lo acusan de alejar a Turquía de los valores democráticos y humanísticos, a lo que el líder del AKP ha respondido criticando a Europa por su xenofobia e islamofobia. También ha acusado a Occidente de proteger a grupos terroristas que buscan destruir a Turquía, como el caso de los seguidores de Fethullah Gulen (acusado de planear el intento de golpe de 2016), o el YPG sirio apoyado por EEUU. A pesar de todo, continuara con el pedido de ingreso de Turquía a la Unión Europea (UE). En este marco, Las relaciones entre Turquía y la UE podrían ser puramente transaccionales, cubriendo sólo algunas áreas de interés mutuo, como el trato a los
refugiados.
Un punto vital seguirá siendo el conflicto sirio. El principal interés que subyace no es Assad ni el levantamiento en su contra, sino el tema kurdo. Además, la contracción económica actual ha hecho que la presencia de refugiados sea una carga necesaria de alivianar. Es por esto que buscara encontrar un acuerdo con Rusia, Siria e Irán para devolver a los refugiados sirios a la ciudad de Afrin, controlada desde el combate contra las milicias Kurdas en 2014.
https://www.al-monitor.com/pulse/originals/2018/07/turkey-what-will-happen-to-ties-with-west- in-new-system.html
https://www.cfr.org/blog/what-erdogans-victory-means-turkey-kurds-and-syria