La política de Estados Unidos hacia Gaza y Hamas se ha complejizado con el devenir del conflicto palestino-israelí. En los últimos meses, fueron dos los hechos que han puesto en evidencia esta percepción: la decisión de un tribunal estadounidense de desestimar una demanda contra la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA), acusada de financiar a Hamas; y el respaldo de Washington a las restricciones impuestas por Israel sobre las operaciones humanitarias de esa misma agencia en la Franja de Gaza.
El fallo judicial ratifica la inmunidad de UNRWA y, con ello, el principio multilateral que protege a los organismos internacionales frente a la injerencia de jurisdicciones nacionales. Sin embargo, esta defensa formal contrasta con la política exterior estadounidense, que legitima las medidas israelíes destinadas a limitar el trabajo humanitario en Gaza. De esta forma, Estados Unidos ampara jurídicamente a la agencia, pero avala su debilitamiento operativo, evidenciando un enfoque pragmático que prioriza los intereses de su aliado israelí por encima de la autonomía institucional.
En el plano discursivo, Washington sostiene una narrativa centrada en la seguridad y la lucha contra el terrorismo, que reduce la cuestión palestina a un problema de control y estabilidad. La prioridad no es la garantía de derechos nacionales palestinos, sino la preservación del orden regional bajo parámetros favorables a Israel.
En consecuencia, la política estadounidense hacia Gaza se configura como una diplomacia de gestión más que de transformación: administra la crisis humanitaria sin abordar sus causas estructurales y perpetúa una asimetría que impide el reconocimiento político del pueblo palestino.
Palabras clave: refugiados – Hamas – EEUU – ACNUR
Fuetes: