La Comisión de la Unión Europea propuso un nuevo pacto migratorio que ya despertó polémica. El mismo se da días después de que se haya incendiado el mayor campamente de refugiados de todo Europa, el campamento de Moria en Grecia. Contruido para albergar a 2.000 personas, dio refugio a cerca de 13.000, más de 4 veces su capacidad. En palabras de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, el incendio representó un llamado brutal a la acción en materia migratorio.
La propuesta tiene tres pilares: fortalecer la aun ya estricta vigilancia de la frontera exterior de la UE; intensificar la política de retornos y; un renovado mecanismo de solidaridad obligatorio. Este mecanismo sería activado cuando un país se encuentre sobre-presionado, exigiendo al resto de los miembros su colaboración. Los países podrán optar entre recibir nuevos solicitantes de asilo o patrocinar el retorno a sus países de origen cuando sean migrantes sin derecho a permanecer en suelo europeo.
El pacto obedece a una estrategia de acercar posiciones con los países de Europa del Este que rechazan recibir solicitantes de asilo, sin embargo, los países del grupo de Visegrado (Polonia,
Hungría, República Checa, Eslovaquia) lo rechazaron al considerar que la única solución es un “stop a la migración” en los países de origen. Italia, España y Grecia siguen siendo los más afectados por esta crisis y quienes están en la primera línea de responsabilidad.
Europa vivió en 2015 una crisis migratoria que al día de hoy sigue teniendo consecuencias. Tan solo en lo que va del 2020 según ACNUR ingresaron a Europa casi 60.000 de personas: 18% de Túnez; 15% de Argelia; 8% de Bangladesh y Afganistán; 7% de Siria y Marruecos. Medio Oriente y el Norte de África sigue siendo un eje central en la agenda política de seguridad y migraciones para la Unión Europea.
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