Si repasamos las distintas columnas escritas en los últimos meses, ninguna tuvo como eje principal el conflicto entre palestinos e israelíes. El desalojo de un conjunto de familias árabes de un complejo habitacional fue la mecha que encendió una ola de protestas en la Explanada de las Mezquitas/Monte del Templo y que escaló con la entrada de Hamas y distintas facciones terroristas desde la Franja de Gaza.
Este escenario se da en base al sentido de la oportunidad. En Israel, por un lado, el actual primer ministro en funciones, Benjamín Netanyahu, no ha podido formar gobierno y le dio lugar a una coalición heterogénea entre sectores de izquierda y derecha de intentarlo. De fallar esta posibilidad, y con este escenario es probable que suceda, el Estado judío celebraría elecciones por quinta vez en poco más de dos años.
En Palestina las elecciones no se desarrollan desde hace ya varios años y estaban pautadas para estos días. El presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, las suspendió a raíz de la imposibilidad de que sectores de Jerusalén puedan ejercer su voto. En realidad, se trata del miedo a perder y otorgarle más poder a Hamas, más allá de las críticas que ésta venía teniendo por la situación en Gaza.
El conflicto en Jerusalén fue la excusa perfecta para Hamas para ganar legitimidad. La organización 2 no solo azotó con ráfagas de misiles que llegaron tanto a Jerusalén como a Tel Aviv, sino que aumentó en gran magnitud su poder de fuego.
Israel, por su parte, respondió con ataques aéreos matando a varias personas, incluido niños, pero también a muchos altos mando de las distintas organizaciones que operan en Gaza. Bajo la operación “Guardián de las murallas”, por ahora no parece estar sobre la mesa un ingreso terrestre. No obstante, el conflicto y las agresiones están muy lejos de terminar.
Palabras: Israel, Hamas, Escalada, Jihad Islámica, Tel Aviv, Jerusalen, Gaza