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FRAME 01/14 · 29 de mayo de 2026

Hacia un nuevo esquema de defensa en el Golfo

A tres meses del conflicto que expuso la vulnerabilidad en materia de defensa del Golfo, estos Estados han comenzado a repensar de manera cautelosa el modo de equilibrar y subsanar las deficiencias de la alianza privilegiada con los Estados Unidos (EEUU). Los

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29 de mayo de 2026 4 min Medio Oriente 683 palabras
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A tres meses del conflicto que expuso la vulnerabilidad en materia de defensa del Golfo, estos Estados han comenzado a repensar de manera cautelosa el modo de equilibrar y subsanar las deficiencias de la alianza privilegiada con los Estados Unidos (EEUU). Los efectos que ha sufrido la región en materia de seguridad, energía, logística y turismo a raíz de los ataques iraníes han puesto en tela de juicio las garantías que dicha alianza supone. En este sentido, los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) buscan reposicionarse estratégicamente en la fase posterior al conflicto.

Si bien históricamente Teherán ha constituido el eje de los cálculos de seguridad del Golfo — y, en buena medida, el CCG se conformó como un marco de seguridad colectiva orientado a contener el expansionismo de la influencia iraní—, la realidad del escenario actual revela una complejidad e interrelación de raigambre mucho mayor, y ha evidenciado las deficiencias de un enfoque unilateral. La escalada ya no emana de una sola fuente: puede surgir de interacciones imprevistas entre múltiples actores regionales e internacionales. El Golfo ha quedado rodeado por tensiones con las operaciones militares israelíes en Gaza y el Líbano, las hostilidades en el mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb, y los ataques cruzados entre Tel Aviv y Teherán, entre otros focos de fricción.

En este contexto, se ha vuelto apremiante adoptar un enfoque que no se centre en un actor en particular, sino que apunte a gestionar los riesgos que emanan de todo el espectro de potencias regionales activas. A tal fin, la diversificación de alianzas estratégicas, sobre todo, pero también el desarrollo de capacidades autónomas y la búsqueda de un mecanismo disuasorio integral, constituyen los ejes centrales del nuevo enfoque.

En cuanto al primer eje, los Estados del Golfo han dado pasos concretos. En los últimos años se han suscitado acuerdos de venta de armas con Francia, el Reino Unido y hasta una creciente cooperación militar con Turquía. Otro ejemplo más contemporáneo lo encara la coalición estratégica entre Riad, Islamabad, El Cairo y Ankara. Por su parte, Abu Dabi ha entablado una colaboración sin precedentes con Israel en materia de defensa, convirtiéndolo en el único Estado árabe que mantiene un vínculo de estas características con Tel Aviv. Esta dimensión apela a transitar de una dependencia casi exclusiva del sistema militar estadounidense hacia una cartera de defensa diversificada, con el propósito de atenuar el monopolio que Washington ha ejercido sobre la seguridad de la región.

El segundo eje puede entenderse como un corolario del primero: el estrechamiento de vínculos con potencias regionales y extrarregionales otorga mayores márgenes de maniobra a potencias medias como Arabia Saudita. En ese marco, los vínculos económico-comerciales con China, Corea del Sur, Japón y la India ilustran con elocuencia el rumbo que vienen tomando los Estados del Golfo, que apuestan por sortear la rémora que implica una alineación unívoca con Washington.

Por último, el mecanismo de disuasión multidimensional se articula en torno a la cibernética y la diplomacia. Ello se refleja en la aceleración de las inversiones en el ámbito cibernético, con el establecimiento de autoridades nacionales de ciberseguridad en los seis Estados del

CCG y el desarrollo de capacidades propias en inteligencia artificial defensiva y tecnologías de cifrado avanzadas. Esta dimensión presupone, asimismo, mantener canales de comunicación abiertos con todas las partes: así lo evidencian las reiteradas mediaciones de Qatar y Omán en asuntos regionales delicados. El éxito de estos canales para descomprimir tensiones demuestra que la diplomacia preventiva no es un lujo, sino una forma de disuasión en sí misma.

En suma, el nuevo esquema de seguridad que se perfila en el Golfo no implica una ruptura abrupta con Washington, sino más bien una recalibración prudente. Los Estados del CCG no descartan la alianza con EEUU, pero tampoco están dispuestos a sostenerla como pilar exclusivo de su arquitectura defensiva. De esa manera, la diversificación de socios, un mayor grado de autonomía y la apuesta por una disuasión multidimensional configuran, en conjunto, una estrategia de defensa orientada a garantizar la estabilidad frente a la volatilidad del entorno.

LIC. FACUNDO FERNÁNDEZ CODÓN

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