En la primera quincena de octubre el Líbano e Israel alcanzaron un histórico acuerdo de fronteras marítimas, poniendo fin a largos años de disputas. Los gobiernos de ambos países del Cercano Oriente expresaron satisfacción con los resultados alcanzados. El acuerdo -que aguarda ser firmado- fue facilitado por Estados Unidos (EE.UU.), y abriría la puerta al Líbano para la exploración marítima de los recursos hidrocarburíferos del Mediterráneo oriental.
El trazado definitivo de esta línea divisoria permite a Beirut, entre otras cuestiones, comenzar la exploración de recursos gasíferos bajo las aguas del Mediterráneo. Con la nueva demarcación, Beirut tendrá acceso al yacimiento Qana, con una capacidad estimada para proveer al pequeño país de electricidad eléctrica por hasta 20 años.
Rápidamente, el ministro libanés de energía, Walid Fayyad, anunció que la empresa Total Energies comenzaría los trabajos en las aguas libanesas. La empresa francesa había firmado un acuerdo de explotación en 2018 pero era reticente a iniciar los trabajos sin un acuerdo entre el Líbano e Israel por cuestiones de seguridad.
En un contexto de crisis energética en la cercana Europa y con una economía libanesa que no logra desenmarañarse de sus debacles, el acuerdo -y la posibilidad de explorar los yacimientos- viene a traer oxígeno para la resiliente sociedad libanesa y su economía.
El acuerdo fue alcanzado con la intermediación de la administración Biden, la cual el año pasado 3 redobló sus esfuerzos para poder conseguir un acuerdo libano-israelí; un desafío que se había probado demasiado grande para anteriores inquilinos de la Casa Blanca.
Palabras clave: Líbano, Israel, acuerdo marítimo, gas