A lo largo de los años, Irak experimentó una serie de desafíos que le dieron forma a su presente, a la vez que moldearon su camino hacia el futuro. El año 2023 no fue una excepción, sino más bien un capítulo adicional en la narrativa de un país inmerso en sus debilidades económicas, sociales y
persistentes desafíos en términos securitarios.
El plano económico es aquel dónde año tras año, se presentan las mayores continuidades. La economía iraquí suele ser calificada como monolítica o unitaria, dada su dependencia de las exportaciones de crudo, las cuales constituyen más del 90% de sus ingresos nacionales. Esta dependencia hace que el país sea altamente susceptible a las fluctuaciones en los precios del petróleo, situándolo en una posición de extrema vulnerabilidad ante factores externos, ajenos a su
control.
Con ello en mente, no resulta sorprendente que, a lo largo del 2023, las principales iniciativas económicas del gobierno hayan estado enfocadas en el sector del crudo. El primer ministro iraquí, Al-Sudani, dedicó meses de esfuerzos para atraer la inversión extranjera a esta área específica. Hacia julio se alcanzó el mayor logro: un acuerdo múltiple de 27 mil millones de dólares con TotalEnergies para desarrollar los sectores de petróleo y de gas de Irak. En una línea similar, Irak respaldó a lo largo del 2023 la iniciativa de la OPEP+ de recortar la producción de crudo, con miras a estabilizar el mercado. Estos recortes generaron un aumento en los precios, beneficiando así a la
economía del país.
Otro desafío socioeconómico significativo en Irak está relacionado con la abultada nómina de empleados estatales, convirtiendo al gobierno en el principal empleador nacional. La contracara, es el bajo número de empleos que concentra el sector privado y que se constituye en otra de las grandes problemáticas de la economía iraquí. Durante el 2023 esta tendencia persistió e incluso se agravó: Al-Sudani agregó hasta 600.000 empleos gubernamentales a la ya elevada nómina. Esta medida fue calificada por los medios como “populista” o “clientelista”, y se argumentó que el
objetivo del gobierno era el de hacerse con la aprobación pública y evitar manifestaciones.
En el plano social, Irak se caracteriza por poseer una sociedad profundamente dividida y fragmentada. Las principales tensiones son de índole sectaria, entre sunitas y chiitas, quienes representan las dos principales ramas del Islam en Irak. A su vez, dicha división coexiste en tensiones
étnicas, entre árabes y kurdos. Estas fracturas se traducen año tras año, en conflictos al interior del país. Pese a que el presente año no estuvo exento de conflictos etno-sectarios, es posible afirmar
que no se registraron picos sostenidos de violencia, como sucedió en épocas anteriores.
Sin embargo, las tensiones etno-sectarias no son las únicas que existen en la sociedad iraquí. En este sentido, las mayores exhibiciones de descontento se dirigieron contra ciertas acciones impulsadas
desde el gobierno, que atentaban contra derechos, libertades e intereses de los iraquíes.
A comienzos del presente año, se registraron protestas en reclamo de las enmiendas impulsadas por el gobierno a la Ley Electoral de los Consejos Provinciales, que favorecía exclusivamente a los partidos mayoritarios y tradicionales. Meses más tarde, la sociedad manifestó su oposición a dos proyectos que el gobierno presentó al Parlamento iraquí, en los que se limitaban las libertades de expresión y de reunión pacífica de la población. Al poco tiempo, el malestar social aumentó cuando se prohibió a los medios utilizar términos como “homosexualidad” y “género”,. Sustituyéndolos
expresión “desvío sexual”.
De modo que, el 2023 fue testigo de distintos intentos por parte de las autoridades iraquíes, de limitar los derechos y las libertades de la sociedad. Dichas acciones recibieron respuestas tanto por
parte de los ciudadanos iraquíes e incluso ONGs como Amnistía Internacional.
En lo sucesivo a la seguridad, es importante destacar que el 20 de marzo de 2023 se cumplió el vigésimo aniversario de la invasión norteamericana a Irak. La misma dejó una marca indeleble en el horizonte del país, transformándolo de manera tajante y duradera. La tan ansiada estabilidad
prometida hace 20 años a los ciudadanos iraquíes aún se encuentra muy lejos de materializarse.
La intervención no solo marcó la caída del régimen baazista sino que también constituyó el punto de partida de una situación caótica en todos los ámbitos del país, pero sobre todo en el securitario. En otras palabras, esta sirvió para la consolidación del grupo yihadista Estado Islámico, que si bien fue derrotado a nivel territorial en diciembre de 2017, su desaparición en terminos operacionales e ideologicos está muy lejos de concretarse. Esto último está reflejado en los atentados perpetrados,
los cuales son parte de la realidad del día a día en el devastado país iraquí.
Además, Bagdad sigue siendo el escenario de disputa y ataques entre los miembros de la Coalición Internacional de lucha contra el Estado Islámico y las milicias y grupos paramilitares que se oponen a la presencia extranjera en el territorio. Son alrededor de 2.500 las tropas lideradas por el Mando
Central de Estados Unidos que actualmente se mantienen desplegadas en diversas bases militares
instaladas en diferentes ciudades de Irak.
En lo que respecta a las relaciones exteriores del país, es relevante hacer mención de una serie de encuentros que se llevaron a cabo durante el año con dos países que son sumamente importantes cuando se trata de la política exterior y seguridad de Irak. Estos son: la República Islámica de Irán y
la República Árabe Siria.
En cuanto a la primera, a fines de abril el presidente iraquí visitó Teherán y sostuvo una serie de encuentros con su homólogo iraní. Como resultado, ambas naciones reafirmaron la solidez del vínculo bilateral y la voluntad de las partes para profundizarlo. Asimismo, plasmaron su voluntad en
intensificar las relaciones en materia económica y de seguridad.
Además, firmaron un acuerdo con miras a expandir la cooperación energética. El documento contempla el establecimiento de una oficina conjunta, destinada a velar por la cooperación en el área de la petroquímica, como también en relación a la exploración de petróleo y el desarrollo de infraestructura. Aún más, debido a dicho acuerdo, Irán e Irak anunciaron que extenderán los convenios de exportación de gas vigentes, durante los próximos cinco años, luego de realizar ciertas
revisiones, por lo que es una cuestión importante a tener en cuenta en el año entrante.
En lo referente a la segunda, el hincapié de los encuentros realizados en el mes de junio estuvo puesto en la cuestión del narcotráfico transfronterizo. Los ministros de relaciones exteriores de ambos países, anunciaron que cooperarán en acciones conjuntas para combatir el tráfico de droga
en los más de 600 kilómetros de frontera que comparten sus países.
Una particularidad de la frontera es que comprende en su mayoría zonas desérticas, donde se instalaron los fieles al grupo Estado Islámico. Por lo que, la cuestión del terrorismo también fue abordada por los mandatarios, ya que es otro de los temas de agenda que comparten Irak y Siria, para lo cual se comprometieron a luchar en conjunto. Asimismo, las autoridades iraquíes afirmaron que la postura de Irak está decidida a apoyar a sus hermanos árabes sirios, ya que la situación humanitaria en este último es catastrófica, lo que genera una gran cantidad de migrantes sirios que
se dirigen al país de los Dos Ríos - el Tigris y el Éufrates -.
Finalizando el año, un nuevo capítulo de escalada de conflicto entre Israel y Palestina acaparó las portadas internacionales e Irak no se quedó atrás al momento de reafirmar su apoyo al pueblo
palestino. Las operaciones militares realizadas por Israel en la Franja de Gaza desencadenaron manifestaciones en el mundo árabe en un gesto de solidaridad hacia sus compatriotas que sufren las consecuencias de este conflicto. En Irak, miles de ciudadanos se unieron a la causa palestina, y no dejaron pasar la oportunidad para sumar a sus reclamos lo que los ciudadanos consideran la raíz
de sus principales problemas: la presencia de Estados Unidos y sus aliados en su territorio.
Como conclusión, se puede afirmar que a lo largo del 2023 Irak continuó afrontando una serie de desafíos multidimensionales que abarcan principalmente aspectos económicos, sociales, y de seguridad. Su economía, continúa exhibiendo una marcada dependencia de las exportaciones de
petróleo, y no existen grandes iniciativas por parte del gobierno para revertir dicha situación.
Socialmente, más allá de las persistentes tensiones etno-sectarias, el presente año fue testigo de un malestar social latente, que se tradujo en expresiones de descontento contra las distintas iniciativas
del gobierno que buscaban limitar derechos y libertades de los iraquíes.
En materia de seguridad, el vigésimo aniversario de la invasión estadounidense marcó un hito, pero la estabilidad prometida sigue siendo esquiva. La persistencia de grupos armados, la amenaza yihadista, y los enfrentamientos en Bagdad entre la Coalición Internacional y milicias locales resaltan
la complejidad de la situación interna.
Además, a nivel internacional, Irak mantiene relaciones destacadas con Irán y Siria, buscando cooperación en áreas como la energía y la seguridad fronteriza. Sin embargo, el país también se involucra en problemáticas regionales, expresando su apoyo al pueblo palestino en medio de las
tensiones con Israel.
En resumen, todo indica que la situación en Irak refleja la persistencia de problemas estructurales, la fragilidad de la estabilidad interna, y la complejidad de sus relaciones externas, configurando un
panorama desafiante para el futuro inmediato del país.
Palabras clave: Irak - 2023 - seguridad - economía - sectarismo
LIC. AGUSTINA BORIS - LIC. LOURDES AZUL JURI