El pasado sábado 20 de julio, Israel bombardeó el puerto yemení de Hodeidah, en el Mar Rojo, con el objetivo de atacar instalaciones vinculadas a actividades militares de los rebeldes hutíes. Este sitio constituye una de las posiciones de dicho grupo político y militar, aliado a Irán en su defensa del islam chií.
En respuesta, la República Islámica condenó el ataque y amenazó con una escalada y expansión de la guerra en la región. ”El ataque de Hodeidah revela la naturaleza agresiva y asesina del régimen israelí y supone un incremento del riesgo de escalada de la tensión por acciones aventureras sionistas”, afirmó el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Nasser Kanani.
La acusación de Kanani se hizo extensiva a los Estados Unidos, calificándolos como directamente “responsables de esta situación”, refiriéndose al ataque en Yemen y también a los crímenes cometidos en Gaza, ya que apoyan al régimen sionista. Además, afirmó que los yemeníes están pagando un alto precio por su apoyo a los “inocentes palestinos de Gaza”.
Cabe mencionar que, desde la intensificación del conflicto entre Israel y Palestina en octubre del año pasado, los hutíes han atacado posiciones israelíes, lo que ha conducido a Israel a tomar acciones defensivas. Por su parte, Irán actúa detrás de sus conocidos “aliados proxy”, brindándoles apoyo y financiamiento. Por lo tanto, el ataque en Yemen estaría dirigido a enviar un mensaje al gigante persa, mostrando el destructivo alcance de los aviones de combate y misiles israelíes, más que un intento de atacar a los hutíes que controlan el sitio.
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