Ante la compleja situación interna que atraviesa la República Islámica, debido en gran parte a las sanciones económicas aplicadas por los Estados Unidos, el país se propone estrechar sus lazos estratégicos con actores regionales y extrarregionales, que permitan contrarrestar la presencia norteamericana en Medio Oriente.
El pasado martes 21 de julio, el primer ministro iraquí visitó Teherán para reunirse con el presidente Hasán Rohaní, en un intento de coordinar políticas para combatir al Coronavirus y estabilizar sus afectadas economías. Una de las principales preocupaciones del premier iraquí es la utilización de su país como campo de batalla en la rivalidad entre Estados Unidos e Irán, dejando en claro que “Irak persigue buenas relaciones con Irán basadas en el principio de no intervención”, revelando una posición de neutralidad en el conflicto bilateral.
Por su parte, el mismo martes 21, el canciller iraní Mohamad Yavad Zarif viajó a Moscú para reunirse con Vladimir Putin, y entre otras cosas, conversar sobre la situación regional y abordar el futuro del acuerdo nuclear. Al respecto, declaró que “las relaciones entre la República Islámica de Irán y la Federación Rusa son estratégicas, y ante las circunstancias actuales que están teniendo lugar en cuanto a acontecimientos importantes a nivel internacional, es necesario que estas 5 conversaciones sigan produciéndose entre nosotros y el Gobierno de Rusia, así como con otros de nuestros amigos, como el Gobierno de China”.
En este sentido, con China estaría cerca de cerrarse un histórico acuerdo de asociación estratégica por 25 años, que traería billones de dólares en inversión a Irán, en sectores como energía, telecomunicaciones, ferrocarriles, a cambio de la provisión regular y a menor precio de petróleo. También se establecería una futura cooperación miliar, lo que permitiría a China afianzar su presencia en la región.