En las últimas semanas, el Golfo Pérsico ha sido testigo de un cambio en la relación entre dos titanes del Medio Oriente: la República Islámica de Irán y Arabia Saudita han iniciado un acercamiento que parece aflojar, al menos un poco, las tensiones persistentes entre estos Estados desde hace décadas. Las relaciones entre ambos permanecen rotas desde 2016, luego de que la monarquía saudí ordenara ejecutar a un clérigo chií por supuestas acciones disidentes, a lo que Irán respondió con el asalto a la embajada de Riad en Teherán.
El martes 6 de julio el portavoz del gobierno iraní, Ali Rabiei, afirmó que las negociaciones entre ambos países se enmarcan dentro de la firme decisión del Estado persa de dar prioridad a los vecinos: "la política de la República Islámica de Irán es una política específica llamada política de vecindad y regionalismo", señaló.
Sin embargo, Rabiei reparó en que, en algunos casos, las disputas pueden tener complejidades que tardan en resolverse. A esta salvedad, se suman las declaraciones a la cadena de noticias Al Mayadeen del exdiplomático iraní Ali Amani, quién sostuvo que no ha visto una señal tangible de progreso en las conversaciones entre Irán y Arabia Saudita. Amani plantea que "Arabia Saudita está buscando una mano para salvarla del atolladero en la región, especialmente en Yemen”, haciendo referencia a la guerra librada por la monarquía saudí en este país que lleva ya siete años.
La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, así como las conversaciones en Viena por el Acuerdo Nuclear están provocando cambios en la geopolítica de Oriente Medio. Que las relaciones entre
3 Riad y Teherán han mostrado un avance positivo no caben dudas. Resta conocer ahora cuál será el alcance de esta evolución.
Palabras clave: Irán, Arabia Saudita, Rivalidad, Negociaciones