A principios de abril entró en vigor el esperado alto el fuego de dos semanas entre Irán y Estados Unidos (EEUU). Sin embargo, las negociaciones en Islamabad no avanzaron y la tensión siguió escalando, haciendo fracasar la tregua. La misma se prorrogó el pasado jueves 23 de abril, a pedido de Pakistán, a pocos días de su vencimiento.
En este contexto de incertidumbre, lo que no varía demasiado es la estrategia de Trump hacia Teherán: espera que presente una nueva propuesta para resolver el conflicto, y que, obviamente, contemple los puntos claves para Washington. Mientras tanto, mantiene el bloqueo de los puertos iraníes, lo que el embajador permanente de Irán ante las Naciones Unidas, Amir-Saeid Iravani, llamó una “violación de la tregua acordada hace dos semanas”.
También Masoud Pezeshkian, presidente de Irán, afirmó que Teherán busca diálogo, pero que el "incumplimiento de compromisos, el bloqueo y las amenazas" obstaculiza el camino hacia un acuerdo. Por su parte, Trump confía en que su estrategia de diplomacia y coerción está debilitando cada vez más al gobierno iraní. El mandatario afirmó que éste se encuentra “seriamente fracturado”, mientras ordenó a las Fuerzas Armadas (FFAA) de EEUU que continúen el bloqueo naval y que permanezcan capacitadas para responder ante una situación de emergencia. De esta forma, es claro que las declaraciones mutuas no coinciden, algo que refleja claramente la dificultad de llegar a un acuerdo.
Por otro lado, siguen los puntos de discordia, considerados innegociables: para Irán, su derecho a desarrollar un programa nuclear con fines pacíficos; para EEUU, la exigencia del fin del enriquecimiento de uranio y el abandono total de dicho programa. Otro desacuerdo clave, y que además incluye el accionar israelí, es la situación del Líbano. Mientras Irán afirma que el alto el fuego de 14 días debía amparar al Líbano, Israel mantuvo su ofensiva contra Hezbollah, cobrándose cientos de vidas en los últimos días.
En definitiva, la negociación se torna compleja porque los actores que negocian tienen intereses contrapuestos, difíciles de conciliar. De hecho, cada actor presenta distintas posiciones internas, sobre todo Teherán, donde las fracturas políticas intra-élite están emergiendo más fuertes que nunca. El escenario en Irán lleva a Trump a examinar estratégicamente con quién debe negociar el acuerdo, y si esto es posible en el corto plazo.