Una atmósfera de tensión mantiene en vilo a la región del Medio Oriente luego del asesinato de Ismail Haniyeh, alto dirigente de Hamás, y Fuad Shukr, comandante de Hezbollah, ocurridos a fines del mes pasado. La Casa Blanca intenta acelerar un acuerdo de cese al fuego entre Israel y Hamás. Mientras tanto, la amenaza iraní de una represalia por la muerte de Haniyeh -ocurrida en Teherán durante la asunción del nuevo presidente iraní, Masoud Pezeshkian- activó la movilización de la flota norteamericana en la región.
El Ayatolá Alí Jamenei, Líder Supremo de Irán, ordenó atacar a Israel a modo de represalia. “Consideramos que vengar su sangre es nuestro deber”, declaró Jamenei tras la muerte de Haniyeh. Para Teherán, este hecho es un gran golpe al sistema de seguridad iraní, ya que refiere a que cualquier persona en Irán, sin importar su nivel o rango, puede ser vulnerable a un ataque.
Sin embargo, la respuesta iraní todavía está a la espera. El portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores, Nasser Kanaani, declaró que, si bien es necesario castigar a Israel, esto podría incurrir en una escalada de los conflictos regionales. Por otro lado, el nuevo presidente, Pezeshkian, tendría dentro de sus planes de gobierno, aliviar los efectos de las sanciones económicas occidentales para evitar un mayor aislamiento internacional. Es por ello que la reacción podría ser equilibrada y simbólica, para evitar cerrar cualquier tipo de negociación con Occidente.