Israel se encuentra en una situación sanitaria realmente delicada, con un sistema de salud muy cerca del colapso, y un preocupante número de pacientes en estado crítico y de personas fallecidas. En los últimos días, Israel ha superado los 3.500 contagios diarios, mientras que el pasado lunes 7 se registró el número más alto de personas conectadas a respiradores artificiales, superando así la cifra registrada en Abril, en plena primera ola.
Teniendo en cuenta este contexto, las autoridades israelíes debieron tomar nuevas medidas en la lucha contra el COVID-19: el 8 de septiembre a las 19 hs, comenzó a regir un toque de queda en al menos 40 localidades en todo el país, en donde la situación es más crítica. Minutos antes, el primer ministro Benjamín Netanyahu brindó una conferencia de prensa, en donde expresó: “estamos atravesando un momento difícil y lo superaremos juntos”. Inicialmente, el plan del Gobierno era imponer un cierre total en las zonas más afectadas, algo que incluso llegó a aprobar el Gabinete, pero que finalmente fue cancelado por presión y oposición de los partidos ultra ortodoxos.
No obstante, los cruces políticos que caracterizan a Israel en este último tiempo, no tardaron en aparecer. Un ejemplo de esto es la declaración del dirigente opositor Avigdor Liberman, quien 4 convocó a la ciudadanía a no respetar las directivas de salud y con sus dichos despertó la condena de los principales funcionarios del gobierno.
Finalmente, los líderes de la oposición responsabilizaron al primer ministro del cambio constante en las medidas aprobadas para contener esta segunda ola, que empezó desde hace dos meses y que empeora cada semana.
Palabras clavse: Israel, COVID-19, oposición