IREMAI· GEMO
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FRAME 01/14 · 27 de noviembre de 2024

Israel y Gaza en 2024: recrudecimiento del conflicto y reconfiguración de Medio Oriente

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Fotografía · IREMAI Derechos reservados
27 de noviembre de 2024 6 min Medio Oriente 1.239 palabras
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Antes del 7 de octubre de 2023, Estados Unidos (EEUU) consideraba que Medio Oriente se encontraba más tranquilo de lo que había estado décadas anteriores. Los atentados de Hamás acabaron con esta percepción, y con la tendencia de los últimos años de desescalada en espacios de violencia regionales. Previo a este ataque, Israel se estaba integrando regionalmente, reforzando su acercamiento a algunos países de la región, mientras que la cuestión palestina era relegada a un segundo plano, tanto en la agenda israelí como en la agenda regional e internacional. Sin embargo, la guerra que se desató entre Israel y Hamás volvió a elevar el perfil de la cuestión palestina y, asimismo, abrió nuevos frentes de enfrentamiento para el Estado de Israel, no sólo a nivel militar, sino también diplomático-político y mediático, complejizando así la escena.

Desde el inicio del conflicto, Israel ha golpeado fuertemente a la Franja de Gaza. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han logrado avanzar con su operación terrestre, atacando las capacidades militares de Hamás y eliminando buena parte de sus militantes. Hasta noviembre de 2024, Israel afirmó que eliminó a 17.000 combatientes -se estima que Hamás tiene entre 20.000 y 30.000 combatientes activos en Gaza-; sin embargo, no ha presentado pruebas de ello. El avance de la ofensiva terrestre fue acompañado de intensos ataques aéreos.

El Ministerio de Salud de Gaza -controlado por Hamás- ha informado que luego de 13 meses de guerra se han superado las 44.000 muertes y 104.268 personas han resultado heridas (noviembre, 2024). Además, a causa del conflicto, alrededor del 90% de la población ha sido desplazada de sus hogares. Organismos internacionales que operan en Gaza han denunciado el continuo bloqueo por parte de Israel de ayuda alimentaria, lo que, de acuerdo con ellos, reforzó la crisis humanitaria. Ante este panorama, Israel ha afrontado una cierta presión internacional; no obstante, esto no ha pausado el avance israelí. En febrero de 2024 las FDI lanzaron una ofensiva contra Rafah -donde se albergaban un millón y medio de refugiados, según informes de las Naciones Unidas- pese a la resistencia internacional, inclusive de su principal aliado, EEUU. Sumado a las críticas internacionales, Israel fue denunciado por Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por genocidio. No obstante, la CIJ desechó la demanda y solo emitió “medidas cautelares”.

Los intentos para poner fin a la guerra no han sido pocos. EEUU, Egipto y Qatar pasaron meses intentando negociar un acuerdo de alto el fuego en el que Hamás liberaría a los rehenes restantes a cambio de poner fin a la guerra. Sin embargo, hasta el momento las conversaciones no han llegado

a buen puerto y se vieron frustradas por exigencias inaceptables de ambos lados. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha hecho varios llamados a un alto al fuego inmediato. Empero, las resoluciones vinculantes que han buscado impulsar fueron bloqueadas en varias ocasiones, principalmente por EEUU. Si bien, gracias a sus sistemas de defensa antiaérea, Israel ha logrado reducir -aunque no impedir- el daño a su infraestructura y la cantidad de víctimas, se registran más de 1400 muertes, miles de heridos y de desplazados en la frontera norte. Los costos económicos también han sido altos.

La guerra en Gaza no es el único desafío al que se enfrentó Israel a lo largo del 2024. Previo al estallido de la guerra en Gaza, tanto Israel como Irán buscaban evitar un enfrentamiento directo y no cruzar las “líneas rojas”, basados en una estrategia de contención y disuasión mutua. Durante años, la rivalidad entre Israel e Irán se reflejaba en algunos choques entre Israel y los proxies iraníes -Hezbollah, los hutíes, milicias proiraníes en Irak y Siria- o en operaciones de inteligencia puntuales. Sin embargo, este statu quo culminó en abril de este año, cuando por primera vez Israel e Irán se atacaron directa y públicamente. De esta forma, Israel dejó en claro que su ofensiva no se centra únicamente en Hamás; de ahí que varios miembros del gobierno de Netanyahu abogaron por regionalizar el conflicto. Muestras de ello fueron los ataques a los hutíes en Yemen, a milicias proiraníes en Irak, los ataques en Siria; y, principalmente, la extensión del conflicto en la frontera norte, con la intensificación de los bombardeos israelíes en el Líbano. Con Beirut, durante casi un año, venía manteniendo un conflicto de baja o media intensidad, hasta que las tensiones escalaron hasta su punto más álgido en septiembre, con el asesinato de varios altos mandos de Hezbollah, entre ellos su principal, Nasrallah, y el comienzo de una operación terrestre limitada al sur de Líbano.

Tras el ataque del 7-O, el primer ministro israelí se había planteado tres objetivos principales: liberar a los rehenes, eliminar a los dirigentes de Hamás y erradicar la organización. A más de un año de guerra, los logros cosechados son relativos. Al mes de noviembre, 97 rehenes aún permanecen cautivos. El objetivo de destruir a Hamás presenta cierta ambigüedad y es difícilmente medible, al no definirse qué se entiende por este objetivo y cómo se lograría. Sin embargo, desde el inicio del conflicto, Tel Aviv ha logrado eliminar a gran parte de los dirigentes políticos y militares de Hamás, entre ellos, Ismail Haniyeh y Yahya Sinwar, eliminados respectivamente en julio y octubre del corriente año. Sinwar era considerado el cerebro de los atentados del 7-O y el hombre más buscado por Israel desde entonces.

Al lanzar el ataque del 7 de octubre, Hamás se había planteado tres objetivos: desmontar el mito de la invulnerabilidad de Israel; volver a poner la cuestión palestina en la agenda global, y provocar una respuesta desproporcionada que indignará a la comunidad internacional. A más de un año del comienzo del conflicto, cabe preguntarse si ha logrado los objetivos mencionados. La respuesta puede ser matizada. El 7 de octubre, Hamás le demostró al mundo que los sistemas de defensa y seguridad de Israel no eran inquebrantables y que incluso una potencia militar y tecnológica puede ser fuertemente golpeada. Sin embargo, a más de un año de la escalada, Israel demostró su efectividad y preparación para llevar a cabo una guerra en múltiples frentes.

A nivel global, la causa palestina volvió a resonar y movilizar a ciertos sectores de la sociedad civil. No obstante, elevar el perfil de la cuestión palestina a nivel internacional no se ha traducido en discusiones o acciones concretas que pudiesen beneficiar a la creación de un Estado Palestino o resolver las problemáticas que aquejan a los palestinos. Por otra parte, a nivel regional, la respuesta no fue la esperada; a excepción del “Eje de la Resistencia”, los países de la región siguieron apostando por una estabilidad y una seguridad nacional por encima de cualquier fractura ideológica relacionada con la causa palestina. Se mostró así un contraste con el pasado, y la priorización de otros factores como el pragmatismo y el interés nacional. Por otro lado, la regionalización del conflicto volvió a desviar la mirada de los palestinos. La posibilidad de una guerra abierta entre dos potencias como Israel e Irán, y sus consecuencias en la economía y comercio mundial, resultó más peligroso para el orden internacional que lo que sucede en Gaza.

Por último, el 2024 deja un abanico de preguntas sin responder; por ejemplo, ¿cuándo terminará la guerra? ¿Cuál es el futuro de la Franja de Gaza? ¿Qué cambios traerá la nueva administración estadounidense? ¿Cómo hará Israel para reinsertarse internacionalmente? Entre otras tantas.

Fuentes

latimes.com cnnespanol.cnn.com bbc.com

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