El pasado jueves 15 se reanudaron en Doha las conversaciones para alcanzar un acuerdo de alto el fuego entre Hamás e Israel. El esfuerzo por revivir las negociaciones estancadas, impulsado por los mediadores Estados Unidos, Qatar y Egipto tuvo lugar en un contexto de gran tensión debido a un posible ataque iraní contra Israel y al hecho de que el número de muertos en Gaza haya alcanzado las 40.000 personas. Si bien el temor a un ataque iraní planteó una seria amenaza, las conversaciones siguieron su curso.
El secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, quien realizó una visita a Medio Oriente con el fin de impulsar los esfuerzos diplomáticos, anunció unilateralmente que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aceptó la última propuesta planteada por EE.UU. en Doha, e instó a Hamás a hacer lo mismo. Blinken declaró que “este es un momento decisivo, probablemente el mejor, quizás la última oportunidad de recuperar a los rehenes y alcanzar una tregua”.
Hamás, por su parte, no asistió a Doha y criticó la propuesta al considerar que se pliega a las exigencias de Israel. Netanyahu se mantuvo firme en las necesidades de seguridad de Israel, incluyendo el control militar del Corredor de Filadelfia, que separa Egipto de la Franja de Gaza, y el Corredor de Netzarim, que separa la ciudad de Gaza del centro de la Franja. Mientras tanto, Hamás exige la cesión del control militar de estos corredores y la retirada del ejército israelí de la Franja.
En este contexto, parece que Blinken enfrenta la compleja tarea de persuadir a Netanyahu de aplacar sus demandas de seguridad y lograr que Hamás, a través de Egipto y Qatar, regrese a la mesa de negociaciones.
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