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FRAME 01/14 · 29 de noviembre de 2024

JOEL FOYTH Entre la autonomía y el desafío: la Península Arábiga en el 2024

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Fotografía · IREMAI Derechos reservados
29 de noviembre de 2024 6 min Medio Oriente 1.242 palabras
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En 2024, el pulso político de la Península Arábiga se vio marcado por las turbulencias regionales y las tensiones generadas luego del 7 de octubre de 2023. No obstante, es necesario destacar que el impacto no fue el mismo para todos. Es posible notar una importante diferencia entre los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y Yemen, quienes respondieron de maneras diferentes a estas situaciones. A pesar de los matices, en el CCG primaron las posturas de autonomía y neutralidad. A diferencia de lo ocurrido años atrás con los conflictos abiertos por la Primavera Árabe, esta vez las monarquías apostaron por la estabilidad. Los países del CCG enfrentaron una posición incómoda frente al conflicto palestino: muchos venían construyendo un vínculo cada vez más profundo con Israel, pero la dura respuesta de Tel Aviv hacia el pueblo palestino hacía cada vez más difícil continuar con esta política. Frente a ello, la respuesta generalizada fue la neutralidad, criticando a Israel –y también a Hamás– pero evitando llevar adelante medidas concretas para alterar la situación. En este sentido, Arabia Saudita tuvo que recalibrar su posicionamiento. Era sabido que, previo al “7-O”, Riad se encaminaba a la normalización de relaciones con Israel. No obstante, esto ha quedado suspendido hasta que las aguas vuelvan a calmarse en Palestina. En esa misma sintonía, el príncipe Mohamed Bin Salman, ha sido crítico de Israel en diversas oportunidades por su accionar. No obstante, la relación con Tel Aviv continuó existiendo. En momentos de mayor tensión, cuando en mayo Irán lanzó su primera ofensiva hacia territorio israelí, Riad colaboró con su servicio de inteligencia y abriendo su espacio aéreo en apoyo de Israel.

En esta línea, Riad continuó apostando por una política exterior autonomista. A lo largo del 2024, priorizó conservar la distención que venía desarrollando con Irán. A pesar de los ambientes caldeados, cuidó no mostrar actitudes agresivas hacia Teherán. Por otro lado, centró sus esfuerzos en profundizar su proceso de diversificación económica de la Visión 2030 y desarrollar nuevos vínculos con actores no tradicionales, como China, Rusia y países de América Latina. No obstante, a pesar de haber sido invitado a ser parte de los BRICS, finalmente Riad tomó distancia del grupo y no ha tomado la decisión de incorporarse como miembro pleno.

En el caso de Bahréin y Emiratos Árabes Unidos (EAU), la firma de los acuerdos de Abraham en 2020 los ubica en la incómoda disyuntiva de, por un lado, mantener su incipiente relación con Israel, y por otro, defender el derecho de autodeterminación del pueblo palestino. En la Declaración de Manama,

los líderes condenaron vehementemente la continuada agresión israelí contra la Franja de Gaza y los crímenes perpetrados contra la población civil palestina.

Por otra parte, Omán, el mediador por excelencia dentro del CCG, fue sede de múltiples negociaciones, muchas de las cuales no trascendieron debido al hermetismo de su política exterior. Omán camina sobre la cuerda floja: no debe antagonizar a Irán acercándose demasiado a los israelíes, pero tampoco debe arriesgar sus relaciones Estados Unidos. Con el recrudecimiento del conflicto, el vínculo con Israel se vio erosionado, puntualmente con el apoyo de Omán a la opinión de la Corte Internacional de Justicia que sostuvo que la presencia continua de Israel en el territorio palestino ocupado es ilegal y debe terminar “lo más rápidamente posible”. Asimismo, la política exterior de Kuwait se mantuvo sin mayores modificaciones, siguiendo la senda de la neutralidad y el multilateralismo, y abrazando la causa palestina, pueblo que constituye la principal comunidad extranjera del país.

Por su parte, Qatar ha logrado mantenerse como un actor distintivo, desempeñando un rol clave como mediador. En 2024, el emirato no sólo ha reafirmado su liderazgo diplomático, sino que ha redoblado su papel como puente entre actores profundamente polarizados. El papel de Qatar en 2024 está profundamente marcado por su intervención en el conflicto entre Hamás e Israel. En este sentido, Doha se posicionó como un mediador que no se limitó a negociar la paz, sino que se erigió en una especie de “facilitador humanitario”, logrando acuerdos parciales de alto el fuego, pero también canalizando ayuda vital hacia Gaza. A pesar de los esfuerzos realizados, el panorama no ha sido nada sencillo. Las negociaciones entre Israel y Hamás han sufrido avances y retrocesos; proceso en el cual la desconfianza entre las partes ha sido un obstáculo recurrente. En esta misma línea, los asesinatos de los líderes Hassan Nasrallah de Hezbollah e Ismail Haniyeh de Hamás, complejizaron aún más el escenario poniendo a prueba el papel mediador de Doha. En este escenario, el mes de noviembre marcó un giro importante en la política exterior de Qatar, con un cambio notable en su postura hacia Hamás. Esto refleja un quiebre con algunas de las políticas anteriores que le habían permitido consolidarse como un intermediario clave. La presión internacional llevó a Doha a reconsiderar su acercamiento a Hamás, adoptando una postura más cautelosa y alineándose, en parte, con los países del Golfo como Arabia Saudita y los EAU, quienes han mantenido una relación más distante e incluso crítica con el grupo islamista. Es por tanto que las autoridades qataríes decidieron suspender su participación en las conversaciones entre las partes. Este giro parece ser una

respuesta tanto a la creciente presión internacional como a la necesidad de recalibrar las estrategias de seguridad y diplomacia de Qatar.

Una situación completamente diferente es la de Yemen, donde los hutíes –grupo rebelde con conexiones con Irán- asumió una postura desafiante. Este grupo se ha consolidado como un actor clave en el conflicto a través de ataques a barcos, tanto israelíes como norteamericanos, en demostración de su apoyo al pueblo palestino. Las principales áreas afectadas incluyen el Mar Rojo, el Golfo de Adén y el estrecho de Bab al-Mandeb, territorios controlados por los hutíes y cuya importancia radica en constituir una vía clave para el comercio internacional. El Mar Rojo es un corredor de gran relevancia comercial y geopolítica que conecta Europa con el Sudeste Asiático. Dentro de esta región, el estrecho de Bab el-Mandeb se erige como uno de los nudos de comunicación marítima más estratégicos del mundo. Por un lado, facilita el acceso a los recursos minerales de África oriental, altamente demandados por las economías occidentales, árabes y asiáticas. Por otro lado, funciona como un cuello de botella clave para el comercio global. Además, esta zona constituye un enclave crítico para el transporte de petróleo y gas natural licuado (GNL). La intensificación de los ataques ha provocado que varias compañías navieras opten por desviar sus rutas hacia recorridos más largos bordeando el sur de África en el Mar Rojo. Esto implica un aumento de días de viaje y de costos en transporte, incluso han implementado el denominado “recargo Mar Rojo”, aplicado a todas las modalidades de contenedor y todo tipo de carga.

Sin dudas, la Península Arábiga se ha mostrado en este 2024 una vez más como una de las subregiones más importantes del MENA. Aunque estos países no se han visto involucrados de manera inicial en la conflictividad regional, su accionar posterior ha sido importante. Con posturas más autonomistas y neutrales, los países del CCG han hecho importantes maniobras diplomáticas para conservar la estabilidad regional. Por su parte, el accionar beligerante de los hutíes en Yemen vuelve a posicionar este conflicto –muchas veces olvidado– en la primera escena regional, convirtiéndose poco a poco en un actor cada vez más importante dentro del eje de la resistencia iraní.

Fuentes

bbc.com

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