IREMAI· GEMO
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FRAME 01/14 · 22 de agosto de 2025

La diplomacia de agua

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Fotografía · IREMAI Derechos reservados
22 de agosto de 2025 3 min Medio Oriente 541 palabras
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Las cuestiones ambientales ocupan un lugar cada vez más central en las agendas políticas de los Estados y, por ende, también en sus relaciones internacionales. Las consecuencias que las actividades humanas generan sobre el ambiente implican la responsabilidad de considerar esta problemática y diseñar medidas de gestión tanto a nivel nacional como internacional. Un ejemplo claro es Marruecos. Frente a siete años de sequías, el constante aumento demográfico y los efectos del cambio climático, el reino alauí se encuentra abocado a administrar de manera sostenible un recurso cada día más valioso: el agua. Este compromiso lo ha llevado a concretar importantes acuerdos con actores de diversa índole.

El denominado “Acuerdo del Siglo”, firmado en junio de 2025, es una muestra de ello. Marruecos cerró una inversión de 12.500 millones de euros para el desarrollo de desaladoras y redes eléctricas junto con la emiratí Taqa y Nareva. El convenio, suscripto entre la Agencia Nacional de Electricidad y Agua (ONEE), el Fondo Soberano Mohamed VI para las Inversiones y dichas empresas, busca impulsar infraestructuras clave en materia hídrica y energética.

Este acuerdo contempla la expansión de la capacidad de almacenamiento de agua, el impulso a proyectos de desalinización, una mejor gestión de la demanda, la modernización institucional y el fortalecimiento de la cooperación internacional. El agua no solo resulta esencial para la protección de la agricultura, sino también para estabilizar la economía y fomentar la colaboración regional. Con la inyección de capitales se prevé la construcción de una línea de alta tensión que conecte los campos fotovoltaicos del Sahara con las áreas industriales, la instalación de parques eólicos, una planta desaladora, potabilizadoras de agua marina y un trasvase entre cuencas —conocido como “autopista del agua”— que vinculará ríos con regiones urbanas como Rabat y Casablanca.

Si bien el gobierno ya contaba con embalses, el nivel de almacenamiento actual resulta insuficiente. En consecuencia, la política hídrica se ha convertido en un asunto estratégico de seguridad y desarrollo. Esto llevó a Rabat a diversificar sus proyectos de desalinización, combinándolos con energías renovables que no solo reducen costos, sino también emisiones de carbono, gracias a las líneas eléctricas de larga distancia y el uso de energía limpia para el tratamiento del agua de mar.

El concepto de diplomacia del agua alude a que estas políticas funcionan como instrumentos diplomáticos: buscan atraer inversiones extranjeras, posicionar a Marruecos en las cadenas regionales de suministro y otorgarle la posibilidad de ser tanto un modelo como un proveedor para los países vecinos que requieran asistencia en gestión de riesgos, desalinización y administración del recurso. Esta dinámica podría generar resultados positivos que modifiquen la influencia regional, impactando en los flujos comerciales y en los equilibrios políticos. No obstante, la falta de gobernanza y de mecanismos compartidos en la gestión de cuencas transfronterizas puede derivar en tensiones.

Los socios económicos internacionales y los patrocinadores financieros —como el Banco Mundial, los donantes bilaterales del Golfo y los fondos climáticos europeos— ya se han convertido en actores clave dentro de la agenda estratégica marroquí. El desafío del país consiste en fomentar la colaboración entre los Estados norafricanos mediante la planificación transfronteriza, alinear los

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esfuerzos técnicos y fortalecer las instituciones, garantizando así un acceso igualitario al agua para toda la población.

Fuentes

moderndiplomacy.eu elpais.com

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