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FRAME 01/14 · 28 de abril de 2025

La diplomacia papal: el legado del Papa Francisco en Medio Oriente

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Fotografía · IREMAI Derechos reservados
28 de abril de 2025 10 min Medio Oriente 2.169 palabras
REPORTE · OBSERVATORIO

El lunes 21 de abril, el mundo se despertó con la noticia del fallecimiento del Papa Francisco. Durante la semana, atendimos a miles de testimonios personales, videos, imágenes y entrevistas pasadas que recordaban el papado de Francisco e, incluso, su vida antes de llegar al Vaticano, cuando tan sólo era Bergoglio.

El Papa, más allá de su rol como líder religioso de una de las religiones monoteístas más importantes del mundo, supo ser también un líder político en un mundo cada vez más convulsionado. En calidad de jefe de Estado de la ciudad del Vaticano, tomó posturas claras y de vanguardia respecto a temas coyunturales como aquellos vinculados con la comunidad LGBTIQ+, el cambio climático y la problemática de los refugiados. En numerosas declaraciones públicas, Francisco dejó en claro que se inscribía dentro de la doctrina social de la iglesia y que creía en la filosofía de “tender puentes”. Esto quedó claramente de manifiesto en sus visitas a varios de los países de la región de Medio Oriente y Norte de África.

Este posicionamiento se ve reflejado en la última exhortación apostólica, ‘Laudato Deum’ (2023), concebida como una continuación de su última exhortación del 2015. Allí, Francisco refuerza la idea de la ecología integral como base de cualquier acción política y ética contemporánea. En ese documento, el Papa denunció la inacción frente a la crisis climática y cuestiona abiertamente la eficacia de los organismos multilaterales, afirmando que estos han sido reducidos a foros de negociación sin capacidad vinculante. Además, introdujo un fuerte componente geopolítico al señalar cómo las dinámicas de poder y los intereses económicos condicionan las decisiones ambientales, en detrimento de las poblaciones más vulnerables (la mayoría de ellas en el Sur Global). En ese sentido, su exhortación no sólo implicó un llamado moral, sino también una crítica estructural al orden internacional actual y a su incapacidad de responder de forma justa y efectiva a las contingencias internacionales.

En múltiples declaraciones públicas hemos escuchado al Papa afirmar que el mundo estaba transitando una “Tercera Guerra Mundial de a pedazos” dadas las múltiples guerras que existen hoy en día. Sin embargo, más que recuperar el viejo multilateralismo, el desafío reside en reconfigurarlo y recrearlo ante la nueva coyuntura internacional, proponiendo más bien un multilateralismo “desde abajo”, valorizando cómo el trabajo de las organizaciones de la sociedad civil compensa las debilidades de la comunidad internacional. Para este nuevo multilateralismo, se vuelve necesario pensar en nuevos procedimientos de toma de decisiones, de consulta, de arbitraje; en otras palabras, Francisco proponía una “mayor democratización en el ámbito global”.

Legado y diplomacia

Durante su papado, Francisco visitó la región en diversas ocasiones. Sus viajes estuvieron marcados por la defensa de los migrantes –de allí su apodo ‘el Papa de los pobres’– y el énfasis que ponía en las instancias de paz y diálogo, específicamente el diálogo interreligioso. Los lazos con el mundo islámico fueron un punto central en su diplomacia y, por tal motivo, en 2014, en una visita a Palestina, Israel y Jordania, realizó llamamientos en la dirección del diálogo en un momento de profunda división. Cinco años más tarde, en el marco de la Conferencia de Fraternidad Humana celebrada en Abu Dhabi, firmó también una declaración interreligiosa con el Gran Imán de Al-Azhar, la institución sunnita más prestigiosa de la región: el “Documento sobre la Fraternidad Humana para la paz mundial y convivencia común”, en el que destacan la importancia de la cultura del diálogo, la colaboración común y el reconocimiento recíproco. En el mismo, además, instaba a la finalización de las guerras y condenaba la violencia. Uno de sus últimos viajes significativos fue el que realizó en 2021 a Irak, donde se reunió con el líder chiíta ayatolá Ali Al Sistani, y recorrió las ruinas de Mosul mientras rezaba por las víctimas de la guerra. En esa visita, también recorrió el Kurdistán iraquí, territorio que sirvió de refugio para los cristianos iraquíes frente a la avanzada de ISIS desde 2014.

Durante su primer año de pontificado, y ante la escalada de ataques aéreos estadounidenses sobre territorio sirio, Francisco llamó a una jornada internacional de oración y ayuno por Siria, rechazando la guerra y la violencia a la que se estaba avanzando. En otro hito histórico, en el año 2016, el Papa decidió acompañar a doce refugiados sirios desde la isla de Lesbos hasta el Vaticano, en un claro mensaje de desafío contra los discursos de odio y miedo contra los refugiados. Al referirse a la crisis siria, Francisco no ha dudado en calificarla como una “tragedia olvidada” ni en decir que “la sangre de los niños sirios es responsabilidad de todos”.

Respecto del conflicto en Gaza, la voz del Papa Francisco ha sido una de las pocas que ha humanizado el lado palestino del conflicto. Se manifestó en contra de las lógicas del conflicto armado y a favor de una solución pacífica del conflicto. Siempre pragmático y mesurado, pero con destellos osados, como cuando sugirió en su libro titulado “La esperanza no defrauda nunca” que la comunidad internacional debía investigar si lo que ocurre en Gaza encuadraba en la definición técnica de genocidio. La humanización también cobró forma a través de llamados telefónicos a la única iglesia católica en la Franja de Gaza, donde mostraba su preocupación por la población, su salud y alimentación. Los llamaba de manera constante, cada tarde, a las 19:00 horas.

Además, con relación a Palestina, fue bajo el papado de Francisco -como Jefe de Estado del Vaticano- que se reconoció formalmente al Estado de Palestina mediante la firma de un tratado internacional entre el mismo y la Santa Sede en el año 2015. En el mismo se reconocieron las fronteras previas a 1967 y, si bien no es la primera vez que un Papa defiende la solución de los dos Estados, sí es cierto que es la primera vez que un Sumo Pontífice firmó este tipo de acuerdos con el Estado de Palestina y no con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Las relaciones dieron un paso adelante en 2017, cuando se abrió una embajada palestina en el Vaticano.

Francisco también fue un férreo defensor de los migrantes y refugiados. El primer viaje oficial de su papado, visitó la isla italiana de Lampedusa, puerta de entrada para aquellos migrantes africanos

que, partiendo de Libia, atraviesan el Mediterráneo en búsqueda de una vida mejor. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) definió al Sumo Pontífice como “un incansable defensor de la dignidad de los refugiados”. De esta forma, Francisco se erigió como un líder que velaba por aquellos que ponían en peligro sus vidas en una dura travesía, aquellos que abandonaban sus hogares producto de una guerra, una persecución religiosa o por las arduas condiciones de vida. Tal posicionamiento le valió muchos cruces con gobiernos europeos, en tanto ubicó a la crisis migratoria como un punto central de la agenda del Vaticano.

En su carta encíclica ‘Fratelli tutti’ (2020), aborda la cuestión de los migrantes y refugiados. En la misma, afirma: “los migrantes no son considerados suficientemente dignos para participar en la vida social como cualquier otro, y se olvida que tienen la misma dignidad intrínseca de cualquier persona (…) Nunca se dirá que no son humanos, pero, en la práctica, con las decisiones y el modo de tratarlos, se expresa que se les considera menos valiosos, menos importantes, menos humanos”. También en declaraciones públicas, Francisco ha hablado de incluso la existencia de “migrantes de primera” y “de segunda”.

En su última aparición pública, durante la bendición Urbi et Orbi con motivo del domingo de resurrección, hizo un último llamamiento a la paz regional. Mostró preocupación por el creciente antisemitismo en el mundo, al tiempo que pidió un cese al fuego en el conflicto en Gaza y afirmó que sus pensamientos estaban también con la población gazatí, víctima de una crisis humanitaria dramática e indigna. También rezó por las comunidades cristianas en el Líbano y en Siria, ambos países bajo ‘transiciones delicadas’ luego de guerras que pusieron fin al establishment político de sus países; así como también lo hizo Yemen, que se encuentra transitando “una de las crisis humanitarias más profundas y prolongadas del mundo”.

El fallecimiento del Papa Francisco: mar de reacciones en el Medio Oriente

No obstante, el legado de humanización de los conflictos y de las víctimas del Papa Francisco no fue bien recibido por todo el mundo. Durante su papado, el pontífice criticó severamente las duras tácticas militares de Israel. Incluso, Tel Aviv ha negado la acusación de genocidio frente a su ofensiva en la Franja de Gaza. Y es que, en realidad, Francisco siempre apuntó contra la crueldad de los ataques israelíes contra niños, escuelas y hospitales. El enfriamiento de las relaciones llega a tal punto que el Ministerio de Asuntos Exteriores borró la publicación oficial hecha en X de cara al fallecimiento, que leía: “Descanse en paz, Papa Francisco. Que su memoria sea una bendición”. De todas formas, mientras que el acto no fue bien visto por la comunidad internacional, las tensiones al interior del gobierno y del país empezaron a asomarse: muchos funcionarios no estuvieron de acuerdo con la medida ni con el silencio israelí, en tanto “no daba el mensaje correcto”. Finalmente, cuatro días después del fallecimiento de Francisco, la cuenta oficial del Primer Ministro Israelí lamentó la muerte del Papa en una publicación hecha en X, contrario al presidente israelí, quien

había otorgado sus condolencias el mismo lunes. Este episodio puso de manifiesto la incomodidad que generaban las denuncias del Papa, incluso entre quienes reconocían su autoridad moral.

Por su parte, la población israelí se encuentra entre la espada y la pared: si bien el Papa criticó en reiteradas ocasiones el accionar de Israel en el conflicto en Gaza, no debe olvidarse el aprecio que el pueblo judío sentía por él debido al acercamiento y su lucha contra el antisemitismo. Además, era partidario y defensor de la liberación de los rehenes capturados por Hamas. En su visita al país, visitó el Muro de los Lamentos –en donde dejó una nota entre sus ladrillos– y la tumba del fundador del sionismo, Theodore Herzl, convirtiéndose en el único Papa en haber hecho esto.

El resto del mundo árabe lamentó profundamente la muerte del Sumo Pontífice. Tanto líderes religiosos como jefes de Estado expresaron sus condolencias por la pérdida de un líder humanitario de la talla de Francisco. Diversos jefes de Estado, como el presidente de Egipto, Abdel Fattah al-Sisi, expresaron su pesar mediante comunicados oficiales en los que destacaron el papel del pontífice como “puente de entendimiento entre culturas y religiones”. Desde Jordania, el rey Abdullah II, quien mantuvo una relación cordial y constante con el Vaticano, también lamentó su muerte y elogió su compromiso con la paz en Tierra Santa. Por su parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán envió sus condolencias al Vaticano y resaltó la importancia del diálogo interreligioso promovido por Francisco, especialmente en contextos marcados por la violencia sectaria.

En el Golfo, los Emiratos Árabes Unidos decretaron un día de luto oficial, y tanto el jeque Mohammed bin Zayed Al Nahyan como el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyeb, una figura central del islam sunnita, destacaron la dimensión humanitaria y espiritual del Papa, subrayando su rol histórico en la firma del Documento sobre la Fraternidad Humana. De igual forma, desde Líbano y Palestina, líderes cristianos y musulmanes se unieron en mensajes que destacaban su cercanía con los pueblos sufrientes, en particular con los refugiados y las minorías perseguidas. Estas manifestaciones evidencian que, en gran parte del mundo árabe, la figura de Francisco fue percibida no solo como la de un líder religioso, sino como la de un referente moral en tiempos de incertidumbre y polarización.

Reflexiones finales

El Papa Francisco marcó al mundo a través de un legado de humanización de conflictos y diplomacia, un tiempo donde el lenguaje bélico y la lógica del enemigo volvieron a instalarse con fuerza, su figura ofreció una narrativa alternativa: la del consenso y el encuentro.

Las cuestiones geopolíticas no fueron ignoradas, en tanto fueron otro elemento clave de su papado. La región de Medio Oriente y Norte de África fue, en ese sentido, un escenario prioritario en su agenda espiritual y política. Desde el apoyo a las comunidades cristianas perseguidas hasta su presencia simbólica en territorios devastados por la guerra, Francisco supo ser una figura de diálogo, consenso y respeto mutuo.

Su apuesta por el diálogo interreligioso no fue sólo un componente teológico, sino también una estrategia política en clave de paz. No casualmente, su figura fue valorada tanto por referentes musulmanes como por comunidades judías, incluso cuando las tensiones políticas se intensificaban. En momentos de convulsión e incertidumbres globales, de aumentos de violencia y de deshumanización, Francisco supo ser la voz de los marginalizados, de los desamparados, de las víctimas de los intereses de muy pocos. Un Papa que vino de la periferia del mundo para, justamente, atender a las periferias.

Fuentes

bbc.com lanacion.com.ar es.euronews.com ispionline.it ncregister.com newarab.com newarab.com vatican.va

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